comunicación no verbal

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Un milagro para Helen Keller
 
Título Original:
The Miracle Worker
 
Director:
Nadia Tass
 
Intérpretes:
Alison Elliott, Hellie Kate Eisenberg, David Strathaim, Kate Greenhouse
 
 
 
 
 
 
Película de Nadia Tass (2000) que narra la vida de Helen Keller, una niña que desarrolló una sordoceguera a causa de unas fuertes fiebres cuando sólo contaba con 19 meses.
 
Habiendo crecido sin un modo eficaz de comunicarse y relacionarse con su entorno, Helen acabará acumulando una rabia que desembocará en un comportamiento salvaje imposible de enfrentar, que llevará a su familia a plantearse la posibilidad de trasladarla a un internado. Sin embargo, como última esperanza, deciden contratar a una tutora privada para ella.
 
Anne Sullivan, su maestra a partir de ese momento, la acompañará en el proceso de aprendizaje de un mundo totalmente desconocido para la niña: el mundo de las palabras y su verdadero significado.
 
Basada en la historia real de Helen Keller y Anne Sullivan, la película muestra, por un lado, el amor que surge de Anne hacia Helen, y sus esfuerzos por poder dar a la niña lo mejor de sí misma.
 
Por otro lado, se siente ese coraje de una maestra por hacer comprender a unos padres que el futuro de su hija dependerá de cómo ellos se enfrenten al problema.
 

“Tener lástima por alguien es desperdiciar energía”

 
““no se puede proteger o hablar por otras personas.
La única esperanza es enseñarles a hacerlo por sí mismos.
Lo que les exijan ahora es lo que serán””

 
 

 
 

 
La Escucha Activa y La Conciencia Plena Comunicativa
 
Uno de los problemas más comunes en las relaciones personales en este siglo XXI no es otro que la falta de comunicación que sufrimos, sobre todo debido a que hoy en día no somos capaces de escuchar a los demás, que no es sino el aspecto más importante de toda comunicación.
 

“El gran Arquitecto del Universo
hizo al hombre con dos orejas y una boca,
para que así escuche el doble de lo que habla”

                                                                                          (proverbio chino)

 
En plena Era de la Revolución de las nuevas tecnologías, hemos aprendido a interactuar con las personas a través de dispositivos móviles, pantallas de ordenador, y servicios de mensajerías instantáneas, lo que ha provocado que quitemos gran importancia al acto de escuchar, imprescindible en toda buena comunicación.
 
La escucha activa consiste en saber entender la comunicación desde el punto de vista  de la persona a la que escuchamos. No se basa simplemente en oir, sino en ponernos en su lugar y entender qué es lo que realmente la otra persona piensa y siente al respecto.
 
La escucha activa es dar sentido a lo que se oye. Pero también es dar sentido a lo que se ve, al cómo se ve y al cómo se oye. El tono con el que nos hablan, los gestos, la fluidez, tienen una fuerza casi mayor que lo que se dice, y permite al receptor interpretar y entender mejor el contenido del mensaje, las ideas o pensamientos que subyacen tras cada palabra. En ultima instancia, debemos casi ponernos en el lugar de la otra persona para conocer los hechos tal y como ella nos los cuenta.
 
Debemos ser capaces de prestar atención constante, haciendo ver que sentimos interés por lo que nos cuentan. Mirar directamente a sus ojos de vez en cuando (no en exceso), asintiendo con la cabeza, y evitando las miradas perdidas y faltas de concentración, o distracciones, que actuarían como jarros de agua fría sobre nuestro acompañante.
 
Para que la comprensión sea efectiva, debemos asegurarnos de que nuestras interpretaciones son correctas, preguntando, si fuera necesario, aquellas cuestiones que necesitemos aclarar. Con este simple acto le haremos llegar el mensaje de que nos preocupa e interesa lo que dice y que estamos atentos a esa conversación que nos une. Y hará que se muestre más receptivo, creando una comunicación aún más directa.
 
Repetir sus frases o palabras importantes, intercalar textos de refuerzo como “te refieres a…” o “quieres decir que…”, asentir con la cabeza o  mostrar un tono agradable de voz harán que a conversación fluya inconscientemente, que el interlocutor se sienta apreciado y disfrute charlando contigo.
 
Sin embargo, en el intento de hacer llegar a nuestro emisor el mensaje de interés que pretendemos, debemos evitar errores tan graves como interrumpir en mitad de su exposición, u ofrecer soluciones prematuras. El “Síndrome del Experto” puede hacer que una conversación distendida acabe en desastre y perdamos toda confianza por parte del hablante.  Además, los juicios personales y prejuicios (que todos tenemos) pueden hacernos adoptar conclusiones desacertadas. En el momento que sintamos que nuestros prejuicios hacen aparición, haremos un esfuerzo extra por escuchar “las palabras” más allá de escuchar únicamente a “la persona”. Es lo que se denomina Percepción Selectiva: Vemos y encontramos aquello que andamos buscando.
 
El hecho de mostrar interés no significa que debamos estar de acuerdo con el hablante. La escucha activa no consiste en dar la razón, sino en conseguir una comunicación eficaz, estemos o no estemos de acuerdo con aquello que se dice.
 
Siempre podemos dar una opinión personal, con aportaciones como “a mi modo de ver…” o “personalmente…”, pero nunca con verdades universales. A nadie le gusta que le lleven la contraria en una conversación.
 
Y por supuesto evaluar el momento y la situación o la compañía en la que nos encontremos, dependiendo de cómo pueda transcurrir la comunicación. Si es momento de elogiar a una persona, será tremendamente gratificante para nuestro interlocutor que se encuentre rodeado de personas cercanas y significativas en su vida. En cambio, si se trata de enfrentar opiniones dispares, hacer una crítica o dar solución a un problema en común, pedir explicaciones, etc, deberíamos esperar a estar a solas con él, para evitar posibles situaciones embarazosas para ninguno.
 
En el siguiente video se explica cómo escuchar de manera eficiente y activa. Esperamos te sea útil de cara a futuras conversaciones.
 


 
 

 

los gestos y las mentiras

Cuando hablamos, lo ideal sería que siempre fuéramos con la verdad por delante.
Sin embargo, muchas veces, por educación o por no hacerle daño a la persona que tenemos al lado, nos vemos en la obligación de mentir o no ser del todo sinceros.

Nuestros gestos y nuestra actitud corporal, pueden delatarnos en esas ocasiones. Podremos ser totalmente convincentes con nuestras palabras, pero nuestro lenguaje no verbal puede estar dando otro tipo de señales a nuestro interlocutor.
Este aspecto resulta de vital importancia cuando la persona que miente o no termina de decir la verdad, es aquella que tenemos frente a nosotros…
Y es que el ser humano tiene la capacidad de comunicarse entre líneas, inconscientemente, y sin ni siquiera desearlo, lo cual, puede volverse muchas veces en su contra.

Pocas personas pueden evitar que sus actos o sus gestos los delaten. Puede ser el caso de los profesionales de la mentira, como los magos, los ilusionistas, los actores, los vendedores charlatanes o políticos y abogados… pero por norma general, es totalmente cierto aquello que se dice de que nuestra cara y nuestros gestos, son el espejo de nuestro alma…

Conviene tener presente que no podemos evaluar un gesto o un matiz en la expresión de la cara de nuestro interlocutor tomando ese dato y sacándolo del contexto general de la situación. Hay que tener una visión general de la misma y una señal aislada puede no significar absolutamente nada. Pero nunca está de más permanecer alerta ante esas primeras señales puntuales…

1.   Una persona que mueve las manos con naturalidad durante la conversación y repentinamente limita sus movimientos, es probable que esté planeando mentir u ocultar alguna información que considera debería decirnos.

Lo mismo ocurre cuando sucede a revés: que repentinamente comience a mover las manos o hacer determinados gestos reiteradamente: tocarse la cara (especialmente la nariz, las orejas, el cuello), esconder la boca detrás de la mano, morder un bolígrafo u otros objetos.

2.   Subir el tono de voz o hablar más rápido de cómo se venía hablando durante la conversación, o titubear con determinadas palabras durante la misma.

3.   Esquivar la mirada e intentar evitar en cierto modo el contacto visual con nosotros. Puede aumentar su ritmo de pestañeo. Incuso si tuviéramos oportunidad de verlo, se ha comprobado que aumenta considerablemente el tamaño de las pupilas cuando el individuo se acerca al momento de tensión de una mentira.

4.   Parecer incómodo en su asiento, o no saber cómo descansar sus brazos o sus piernas. El hecho de cruzarlos denota una actitud defensiva y no es ninguna buena señal para nosotros…

Por otro lado, los problemas personales o los nervios pueden provocar que interactuemos de manera diferente a como lo hacemos habitualmente, lo cual no implica, ni mucho menos, que tengamos intención de mentir ni engañar…   como decíamos un poco más arriba, conviene activar nuestro estado de alerta ante las primeras señales de este tipo que puedan aparecer en nuestro interlocutor, pero nunca sacar las cosas de su propio contexto.

 

 

 

la comunicacion no verbal

 

La comunicación no verbal surgió en el ser humano mucho antes de que éste comenzara a hablar, es inherente a su especie y forma parte indispensable de su vida.

Estudios recientes han descompuesto en porcentajes el contenido de un mensaje en una comunicación entre dos personas, y los resultados han traído a la luz la verdadera importancia de nuestro lenguaje sin voz: en una conversación cara a cara, el componente verbal es un 35% y un 65% es comunicación no verbal.

Y lo que es todavía más valioso, es que por regla general, nuestro componente “no verbal” informa mucho más y mejor. E incluso cuando estamos mintiendo o forzando alguna situación, el cuerpo nos delata.

El mundo del Lenguaje del cuerpo es muy complejo y llevaría muchos artículos hablar detalladamente de ello. Pero, como primer contacto, en una conversación cara a cara con otra persona, si nuestra intención es que esa persona se sienta cómoda y podamos repetir esa experiencia con posteriores conversaciones, deberemos cuidar en una serie de aspectos que harán de ese contacto algo agradable y positivo. una serie de aspectos cuyas iniciales forman la palabra “SONRIE”, y  que se resumen en estos:

S –  Saluda abiertamente y con una sonrisa.

Cuando tú saludas a una persona de una manera efusiva, estás demostrando a esa persona que te has fijado en ella de una manera positiva. Y provocarás que la otra persona se sienta bien. Un saludo agradable es la mejor manera de establecer contacto con esa otra persona. E indica ese deseo de poder comunicarse.

O – Ojos bien abiertos y mirando a la cara siguiendo su atención.

Las personas que miran a los ojos inspiran más confianza y ser más sinceras que las que rehuyen la mirada. Unos ojos bien abiertos denotan cierta admiración, incluso sorpresa, mientras que unos ojos más bien cerrados denotan seriedad y desconfianza.

Sin embargo, no conviene entrar en el error de mirar demasiado fijamente a los ojos. Una mirada fija y penetrante mantenida en el tiempo puede tener un efecto similar a  invadir la intimidad de tu interlocutor.

N – No pongas obstáculos entre tú y la otra persona.

Tener los brazos cruzados es un signo inequívoco de actitud defensiva. Peor aun si se hace con los puños cerrados o dejando los pulgares fuera, porque además refleja superioridad y autoridad.

Del mismo modo, sujetar algun objeto contra nuestro pecho tiene la  intencion inconsciente de defensa y de barrera hacia la persona que tenemos enfrente. Y lo mismo ocurre con las piernas. Unas piernas cruzadas denotan una actitud defensiva o de desconfianza.

R – Rie y sonrie. La otra persona te sentirá mas cercana.

A nadie le gusta hablar con una persona demasiado seria o preocupada. Una sonrisa abre las puertas a conversaciones más fluídas y en un ambiente mucho más agradable.

I – inclínate hacia la otra persona, demuestra intención de acercamiento entre vuestras posturas.

Un cuerpo echado hacia atrás denota cierto recelo, incomodidad y un estado de alerta y desconfianza con la otra persona. En cambio, un cuerpo echado ligeramente hacia el interlocutor  indica la intención de compartir sus ideas y llegar a un acuerdo en el entendimiento.

Sin embargo, siempre hay que tener especial cuidado de no invadir el territorio de la otra persona o la “zona personal”.  Todas las personas sentimos que necesitamos nuestro pedazo de espacio personal e intransferible.

La zona íntima, de hasta 50 cm de distancia, debería estar solo reservada a las personas más allegadas .

La zona personal, de hasta 125 com, para entorno laboral  y social.

Y la zona social, hasta 2 o 3 mt, para personas ajenas a nuestro entorno, como desconocidos, personas en la vía pública, profesionales desempeñando su trabajo (cartero, agente de tráfico, electricista…)

E – Entendimiento, Asiente regularmente e interactua con la otra persona.

A nadie le gusta sentir que no se le pueda estar prestando atención mientras habla. No hay conversación más tensa que aquella en la que sólo es uno el que habla y se siente ignorado. Pero, del mismo modo, a nadie le gusta tampoco que se le interrumpa en mitad de su exposición.

Asentimientos con la cabeza y afirmaciones cortas durante la conversación demostrarán al interlocutor que le sigues interesado y que no dejas de prestarle atención. Lo cual, lo motivará a seguir haciéndolo y harás que se sienta más satisfecho de interactuar contigo.

Si te ha resultado interesante este artículo, te invito a que ahondes un poquito más con el que hemos denominado

 


los gestos y las mentiras   LOS GESTOS Y LAS MENTIRAS