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Un milagro para Helen Keller
 
Título Original:
The Miracle Worker
 
Director:
Nadia Tass
 
Intérpretes:
Alison Elliott, Hellie Kate Eisenberg, David Strathaim, Kate Greenhouse
 
 
 
 
 
 
Película de Nadia Tass (2000) que narra la vida de Helen Keller, una niña que desarrolló una sordoceguera a causa de unas fuertes fiebres cuando sólo contaba con 19 meses.
 
Habiendo crecido sin un modo eficaz de comunicarse y relacionarse con su entorno, Helen acabará acumulando una rabia que desembocará en un comportamiento salvaje imposible de enfrentar, que llevará a su familia a plantearse la posibilidad de trasladarla a un internado. Sin embargo, como última esperanza, deciden contratar a una tutora privada para ella.
 
Anne Sullivan, su maestra a partir de ese momento, la acompañará en el proceso de aprendizaje de un mundo totalmente desconocido para la niña: el mundo de las palabras y su verdadero significado.
 
Basada en la historia real de Helen Keller y Anne Sullivan, la película muestra, por un lado, el amor que surge de Anne hacia Helen, y sus esfuerzos por poder dar a la niña lo mejor de sí misma.
 
Por otro lado, se siente ese coraje de una maestra por hacer comprender a unos padres que el futuro de su hija dependerá de cómo ellos se enfrenten al problema.
 

“Tener lástima por alguien es desperdiciar energía”

 
““no se puede proteger o hablar por otras personas.
La única esperanza es enseñarles a hacerlo por sí mismos.
Lo que les exijan ahora es lo que serán””

 
 

 
 

 
Cómo Gestionar Eficazmente Nuestro Tiempo
 
Cuenta la historia que había un granjero que tenía unas pocas gallinas en un pequeño corral. Era lo poquito que tenía y siempre estaba pendiente de que no les ocurriera nada.
Pero un día, cuando iba a darles de comer, se sorprendió al ver que la mayor parte de las aves estaban correteando por toda la granja. Se apresuró a coger a todas las gallinas antes de que ninguna se perdiera. ¡Eran lo más valioso que tenía! Y se dispuso a hacer guardia en ese mismo lugar. Y así estuvo día y noche, frente a su corral, evitando que ninguna gallina se escapara.
 
Una mañana, un vecino, preocupado por su amigo al que no había visto hacía días, se presentó en su casa y se sorprendió al verlo sentado frente al corral.
 
¿Pero qué haces? ¿Piensas estar así toda la vida? ¿No ves que tienes un agujero en la valla? ¿Por qué no te pones a tapar de una vez ese agujero?
 
¿Pero no te das cuenta de que tengo cosas más importantes? ¿No te das cuenta de que estas gallinas son lo más valioso que poseo y no puedo dejar que se me escapen? ¿No ves que no puedo dedicarme a ninguna otra cosa mientras me preocupo por ellas? ¡¡¡Ya taparé ese agujero cuando solucione este problema!!!
 
Aunque parezca un tanto exagerado, muchas veces nos comportamos como el granjero. No sabemos diferenciar ni priorizar lo importante frente a lo urgente. Y vamos corriendo por el mundo perdiendo gran parte de nuestro tiempo haciendo las cosas de tal manera que vivimos en una constante carrera absurda.
 
Si recuerdas el artículo que dedicamos al Principio de Pareto y su proporción del 80-20 , comentábamos que dedicamos el 80% de nuestro día a hacer cosas que nos consumen demasiado tiempo y no nos ayudan a alcanzar aquello que andamos buscando. Metafóricamente hablando, nos estamos esforzando en llegar al puerto remando hacia mar adentro.
 
Según nos vamos profesionalizando y nuevas tareas y retos van surgiendo en nuestras vidas, nos damos cuenta de que hay pocas cosas más valiosas que nuestro tiempo. Principalmente porque ese tiempo que puedas estar perdiendo ahora mismo no lo vas a poder recuperar nunca.
 
Una de las virtudes que caracterizan a toda aquella persona efectiva es que dedica unos minutos todos los días a planificar su jornada diaria, semanal, a corto y a medio plazo. Y la revisa periódicamente para comprobar que lo está aplicando correctamente.
 
A veces podremos llegar a creer que somos superhéroes, que somos capaces de llevar toda nuestra rutina, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro hobby y nuestros proyectos adelante, y llevarlos en las mejores condiciones. No siempre es tan sencillo y en ocasiones tendremos que priorizar algunas cosas frente a otras. Lo bueno es que muchas de estas cosas las hemos metido en nuestra vida sin que hayan sido nunca importantes. Por lo que no debería ser difícil que pudiéramos desprendernos de ellas.
 
 
1. Antes de nada tienes que tener claro cuáles son tus objetivos, tus metas, TU MISIÓN. Difícilmente llegaremos a nuestro destino si no sabemos el camino que debemos llevar. Piensa detenidamente qué es aquello que realmente deseas. Una vez lo sepas y dirijas tu mirada a ello, tendrás casi la mitad del problema resuelto.
Pueden ser objetivos en el trabajo, en la familia, en los deseos personales, etc. Este ejercicio servirá para todos los aspectos de tu vida.
 
2. Lo siguiente consiste en establecer ciertas prioridades. Elaborar durante unos días la rutina a la que estamos acostumbrados, una lista de todo aquello a lo que dedicamos cada minuto y que son los asuntos en los que transcurre nuestra vida. A partir de ese listado de rutinas, tendrás que determinar en qué punto te ayudan a alcanzar esas metas. Quizá deberías clasificarlas en varios grupos, las que son verdaderamente importantes y las que no. Además, puesto que habrá algunas tareas que forman parte de nuestra rutina y que debemos realizar aunque no nos son indispensables para alcanzar nuestros objetivos, todas esas tareas las clasificaremos en más urgentes o menos urgentes.
 
3. Y como ya hemos dicho que no somos superhéroes, nos veremos en la obligación de liberar cierto tiempo y desprendernos de algunas de aquellas tareas que hayamos clasificado como ni urgentes ni importantes. Todos hemos perdido a lo largo de la vida, más o menos tiempo irrecuperable realizando rutinas que no nos llevaban a ninguna parte y nos iban consumiendo los días uno tras otro.
Pues sabiendo dónde estamos desperdiciando ese tiempo, ahora ya podemos optimizarlo.
 
4. A partir de ahí, con un listado de rutinas más o menos importantes y necesarias en el día a día ,sólo queda redactar tu plan, establecerlo y seguirlo como si se tratara del mapa hacia tus objetivos. Debe ser como tu horario de tiempos.
 
Dedícate unos minutos al final de la semana para planificarlo, de modo que cuando amanezca el lunes ya tengas claro qué deberías estar haciendo a determinada hora y cuándo estarás realizando aquella otra.
Y revisa esa lista cada día. Cíñete al plan y no intentes modificarlo sobre la marcha. Haciéndolo de esta manera, con un poco de práctica te volverás más disciplinado, empezarás a dar verdadero valor al tiempo que dedicas a todas las tareas que realizas, las harás más rápido y en mejor calidad. E inconscientemente, acabarás gestionando toda tu vida de manera mucho más efectiva.
Al principio podrá resultarte duro no entrar al facebook o al twitter cada vez que enciendes tu PC, no responder las llamadas de tus amigos en tu hora de estudio, o evitar quedarte un rato más viendo la tele porque te ha entrado un poco de pereza y tienes ganas de sofá. Pero además de que probablemente no sean asuntos vitales en tu vida, te ayudarán a dar lo mejor de ti mismo y te permitirán alcanzar el día de mañana aquello que tanto deseas.
 
 
No olvides que una gran parte de camino al éxito es la disciplina. Y la disciplina empieza con una buena gestión de nuestro tiempo. Así que no tengas ninguna pereza en elaborar esa lista de tareas, establecer tus prioridades y planificar tus horarios de rutinas.
 
Y el tiempo te acabará demostrando que habrá valido la pena.
 
 

 
Thomas Edison
 
Pocas personalidades han tenido la repercusión que haya podido tener Thomas Edison (1847-1931), en su día considerado el hombre más importante de América del S.XX.
Motivos no faltan para ello. Sus ideas e inventos, muchos de ellos, precursores de aparatos que aún hoy utilizamos en nuestra vida cotidiana, lo consagran como uno de los más prolíficos inventores de la historia moderna, con más de 2.300 patentes, y quizá sólo superado por Nikola Tesla.
 
La historia cuenta que Thomas fue un niño que sentía poco interés por la escuela y reconoció en varias ocasiones que le aburría la monotonía de aquellas clases a las que le obligaban a asistir.
 
Sin embargo, todo cambió el mismo día que vino a parar a sus manos el libro “Escuela de Filosofía Natural” de Richard Green Parker. Una obra que le despertó su curiosidad por el mundo de los descubrimientos, experimentos e inventos. Tal fue su interés, que su madre hizo preparar un pequeño laboratorio en su casa para que Thomas pudiera practicar todos y cada uno de los experimentos de aquel libro.
 
Con solo 12 años, se dio cuenta de que quizá existiera la manera de hacer que aquellos artilugios que diseñaba y las ideas que tenía, pudieran aprovecharse para ganar dinero. Y así fue como comenzó su primer negocio.
 
En plena guerra de secesión como se encontraban, la gente vivía constantemente preocupada por informarse de las últimas novedades. Para entonces, Thomas, que trabajaba en la línea de tren entre Port Houron y Detroit, decidió probar a vender periódicos en el mismo convoy, animando a los compañeros a que pusieran reclamos sobre las noticias y titulares en las diferentes estaciones para provocar mayor curiosidad y demanda entre los viajeros. Sorprendentemente, su negocio no tardó en ser un rotundo éxito. Fue tal, que pocos meses después estaría invirtiendo sus ganancias en una prensa de imprimir de segunda mano y publicando su propio periódico, el Weekly Herald.
 
Durante esta época en el ferrocarril, Thomas Edison aprendería a telegrafiar, algo que pocas personas eran capaces de hacer, y aquello le dio la oportunidad de viajar por todo el mundo. Por el día trabajaba como telegrafista y en su tiempo libre se dedicaba a investigar.
 
Entre sus primeros grandes logros, merece especial mención un aparato que permitía registrar los votos, que fue presentado al congreso. Por lo visto, vieron que el invento era tan perfecto que tuvieron que rechazarlo…
 
Y fue aquel hecho el que hizo que Thomas decidiera dejar su trabajo y dedicarse en cuerpo y alma a sus inventos. Inventaría aparatos novedosos y rentables. Y sacaría provecho de todos ellos.
 
 

“Lo que no se venda no quiero inventarlo”

 
 
Grandes inventos como el telégrafo automático, el teléfono, o la máquina de escribir, fueron creados o perfeccionados por él en esta época.
Se dice que incluso tuvo una disputa por la autoría de la primera máquina cinematográfica con los hermanos Lumière.
También es descubrimiento suyo el fonógrafo. De entre todas sus creaciones, este fue el que le hizo sentir más orgulloso.
 
Pero su verdadera fama le vendría por otro hallazgo.
 
Con 29 años, recién mudado a Menlo Park, cerca de Nueva York, donde adquirió una casa familiar y un enorme solar para levantar un laboratorio, fue desarrollada la primera bombilla “moderna” conocida. La bombilla ya había sido inventada anteriormente, pero su duración era limitada a sólo un par de horas. Y su coste era demasiado elevado. Thomas Edison la desarrolló a partir de unos filamentos de bambú y consiguió no solo alargar su duración, sino además reducir sus costes, no sin antes arriesgar grandes sumas de dinero en las primeras producciones. Lo que verdaderamente quería era que en todos los hogares pudiera haber bombillas, para incrementar la demanda y poder empezar a producir en masa, lo que acabaría abaratando el precio final del producto.
 
Thomas fue un experimentador incansable. Gran trabajador, siempre estaba pensando en nuevas ideas. Se levantaba temprano y se acostaba tarde.
 
 
“El genio es uno por ciento de inspiración
y un noventa y nueve por ciento de transpiración”

 
 
Y supo invertir el dinero siempre en beneficio de la producción. Contratando personal, incrementando horarios, reinvirtiendo en nuevos materiales.
Incombustible, su manera de pensar y afrontar las derrotas le llevaban siempre un paso hacia adelante hacia sus objetivos finales. Si algo no funcionaba, lo modificaba, incorporaba nuevas variantes y lo volvía a probar. Una y las veces que hicieran falta. Un claro ejemplo de ello es la respuesta que dio a un hombre que le preguntó si en ningún momento se dio por vencido durante los más de mil intentos que tuvo que hacer hasta encontrar el finalmente adecuado para la bombilla
 
 
“No fracasé. Sólo descubrí 999 maneras
de cómo no hacer una bombilla”

 
 
Sin duda, ha sido por esa bombilla eléctrica como Thomas Alva Edison ha alcanzado su verdadera fama. Sin embargo, mucho más allá de sus inventos, siempre supo dotar a sus ideas una sólida red para hacerlas llegar al mundo en mejores condiciones y proporciones. Siempre supo ver ideas detrás de las ideas. Y siempre entendió que el mayor beneficio de sus negocios no vendría de ninguna patente o invento, sino de la cadena que le uniera a este con el mundo. Por eso, quizá lo más grande que nunca creara Thomas Edison haya sido la infraestructura para toda su creación, como pueda ser la compañía General Electric, o un sistema de líneas telefónicas, con las que pudo dar fácil acceso a su red a millones y millones de hogares, en Estados Unidos y Europa.
 
Miembro da la National Academy of Sciences de los Estados Unidos y galardonado con Medalla de Honor por el Presidente Coolidge, Thomas Edison falleció víctima de una uremia en 1931, a los 84 años de edad. En su honor, millones de hogares en todo el mundo apagaron sus luces durante un minuto.
 
Posteriormente, el Congreso estimaría que su persona y su trabajo habían aportado al país más de 30 millones de dólares anuales. Grandísimo pensador, creador de ideas y negocios, nunca antes se había tasado nada tan intangible como pueda ser la genialidad. Y es que la vida de Thomas Alva Edison ha marcado y marcará un antes y un después en la Historia del Ser Humano.
 
 

 
el síndrome del lucio
 
En un experimento llevado a cabo en una enorme acuario con una serie de lucios , que son unos peces carnívoros capaces de comer gran número de pequeños pececillos cada vez que abren la boca, un grupo de investigadores aislaron a uno de ellos a un lado de la pecera, separándolo del resto de peces, de los grandes y de los pequeños, por un cristal transparente.
 
Durante un tiempo, el lucio intentó comer algunos de aquellos peces que nadaban frente a él, pero cada vez que abría su boca, golpeaba contra aquel cristal y lo único que sentía era dolor.
 
Pronto, el lucio dejaría de intentar cazar siquiera.
 
Una vez que había desistido, los investigadores retiraron el cristal que dividía la pecera y le separaba de todos aquellos peces. Pero él, para entonces, había llegado a creer que era imposible comer peces, y a pesar de nadar junto a ellos, ni siquiera intentó abrir la boca para comer. Porque en su cerebro se había implantado una sensación de dolor cada vez que lo intentaba, y la creencia de que de esa manera no podría nunca comer.
 
De lo que el Lucio no se dio cuenta es de que él seguía actuando como si las condiciones en aquella pecera fueran las mismas, cuando en realidad, se habían producido ciertos cambios que quizá hubieran hecho posible que en el presente los mismos actos pudieran dar lugar a resultados diferentes. Pero el lucio no solo no lo intentó una vez más, sino que finalmente se dejó morir de hambre.
 
El ser humano, como aquel lucio, presenta una serie de conductas y pensamientos que en infinidad de ocasiones se establecen en base a experiencias pasadas. Nuestro miedo al cambio, o el miedo a salir de nuestras zonas de confort, nos impide tomar decisiones coherentes y nos aferramos a la imposibilidad de gran número de cosas, sólo por el hecho de que en el pasado los resultados hayan sido negativos en esos ámbitos, sin ni siquiera haber constatado que las condiciones que se dan, puedan o no ser las mismas que se dieran entonces.
 
Hoy en día, el hecho de que ciertas creencias, la mayor parte de las veces equivocadas, se arraiguen en nuestro cerebro y no seamos capaces de hacerles frente porque la historia nos hace creer que son imposibles, se conoce como el Síndrome del Lucio.
 
No nos damos cuenta de que a nuestro alrededor todo cambia. Incluso nosotros mismos cambiamos como consecuencia de las experiencias que tenemos en la vida. Por eso, antes de tomar por cierta cualquier repuesta a nuestros deseos, debemos tener en cuenta si las condiciones que se dan son las mismas que aquellas que nos impidieron alcanzar esos mismos deseos en el pasado.
Y es que, como el lucio, nosotros también dejamos pasar nuestras mejores oportunidades sin darnos cuenta de que muchos de aquellos cristales que nos separaban de nuestros objetivos, han desaparecido.
 
No queramos actuar como aquel lucio y rendirnos ante aquello que creemos conocer. Vivamos el cambio y avancemos tomando decisiones.
 
 

 
La Incubación de Sueños, la Manera más Eficaz de Consultar con la Almohada
 
 

“Dormir es la Mejor Manera de Meditar”
                                                                                                    (Dalai Lama)
 
 
Nuestros sueños pueden ser el camino a la formación de nuevas ideas o proyectos, a la resolución de nuestras dudas o nuestros problemas o a la recreación de nuestros recuerdos.
 
Se denomina Incubación de Sueños y consiste en una técnica que debe ser practicada e “incubada” durante un período de tiempo no menor a 20-30 días, de modo que nuestro inconsciente se acomode a la práctica y comience a ser verdaderamente efectiva una vez lo hayamos convertido en un hábito.
 
No es más que, por decirlo de alguna manera, “plantar una semilla en nuestra mente” y aprovechar el periodo de sueño para que nuestro inconsciente trabaje y haga florecer esa semilla.
 
Justo antes de dormir debemos concentrarnos en la situación, la persona, la idea que nos preocupa y a la cual pretendemos encontrar respuesta. Debemos comenzar con ideas o imágenes sencillas, preguntas simples y concretas. Al ser una práctica nueva debemos facilitar la tarea en los primeros intentos: si pretendemos evaluar una relación con una persona bastará con tener una imagen de esa persona en nuestra mesita de noche y grabar esa imagen en el momento de disponernos a dormir; si se trata de un nuevo proyecto, la imagen de un plano o una idea que tengamos en la cabeza puede ser esa semilla que necesitamos para que el proceso se vaya gestando durante el sueño. Es tan sencillo como llevarnos ese último pensamiento a la cama con nosotros, bien claro y bien nítido y bien real. Inicialmente deberíamos ser concretos para facilitar el trabajo a nuestro inconsciente. Pero con la práctica podremos trabajar cualquier tipo de ideas, preguntas o situaciones más o menos complicadas…
 
Es una técnica muy efectiva. Al principio no obtendrá los mejores resultados, pero nuestro inconsciente, una vez lo hayamos adquirido como hábito, lo irá perfeccionando hasta límites increíbles.
 
De hecho, es una técnica que se ha venido practicando con enorme éxito desde las más antiguas civilizaciones. Solo requiere un poco de fe y constancia para obtener los mejores resultados.
 
La técnica es así de sencilla. Una vez vayamos a disponernos a dormir, visualizamos la imagen, la idea, la situación a la cual queremos dedicar nuestros sueños. Debemos ser capaces de visualizarlo como si fuera real, y sentirlo como si realmente fuera real. Hecho esto solo queda cerrar los ojos y dormir. A partir de este momento el inconsciente hará que ello vuelva a venir a nuestra mente y comience a trabajar una vez estemos dormidos.

Y una vez despertemos, debemos anotar todos y cada uno de los detalles e ideas que nos vengan a la cabeza en relación al sueño. Debemos hacerlo nada más despertar. Se recomienda hacerlo incluso con la luz apagada, y antes de incorporarse siquiera, ya que muchas veces los sueños comienzan a olvidarse nada más comenzamos a distraernos.
 
Si no recordamos el sueño, analizaremos nuestro estado de ánimo o estado físico. Si nos hemos despertado relajados o agotados, con molestias en la espalda, dolor de cabeza, etc. Muchas veces, el simple hecho de analizar nuestro estado físico o emocional, hace que los recuerdos de la noche emerjan rápidamente a nuestra mente consciente.
 
Y ahora sólo queda analizar los resultados. Las ideas y soluciones han surgido (o irán surgiendo). Algunas será mejores o peores, algunas serán desechables y prescindibles, pero otras llegarán a ser valiosas aportaciones. Y si vuelven a surgir nuevas dudas, podemos volver a repetir el proceso una vez más y cuantas veces sea necesario, antes de disponernos a dormir cada noche. Merece la pena intentarlo.
 
 

Albert Einstein, La personalidad más importante e Inteligente del Siglo XX

Alemán de nacimiento, suizo de adopción y nacionalizado estadounidense en su edad adulta, Albert Einstein, el padre de la Física y Matemáticas Modernas, vino al mundo el 14 de Febrero de 1879.

De padres de origen judío, su niñez no estuvo caracterizada precisamente por su inteligencia, sino por todo lo contrario. Con problemas en el lenguaje y en el aprendizaje, muchos de sus primeros profesores de escuela e instituto en Alemania llegaron a afirmar que tenía un ligero retraso mental y que incluso podría padecer dislexia, provocando esto que el trato con él en ese tiempo fuera un tanto complicado.

Lo que sí es cierto es que fue un niño de pocos amigos y sobrellevó gran parte de las horas de su infancia junto a su violín, instrumento que su madre le enseñó a tocar.
Al mismo tiempo, su propio tío le instruía en sus primeras lecciones de álgebra, animando incluso a su padre a que habilitara un pequeño laboratorio en casa.

Después de que su familia tuviera que emigrar a Italia por motivos de trabajo, dejando a Albert terminando el bachiller en el instituto Gymnasium, este se dio cuenta de que aquello no le motivaba. Y menos aún cuando sus propios profesores le decían que “nunca llegaría a nada”. Y a pesar de no estar interesado en la mayor parte de las asignaturas, Albert demostró mucha capacidad en matemáticas y física. De hecho, fue en esta época, contando solo 15 años, cuando comenzó, sin tutor ni guía alguno, su estudio independiente del cálculo infinitesimal.

Abandonó los estudios varios años antes de obtener el título de bachiller, regresando con su familia. Sin embargo, las pocas buenas referencias que sobre él había, hicieron que uno de sus antiguos profesores le animara a finalizar sus estudios medios, a regresar a Alemania e ingresar en el Instituto Politécnico de Zurich, donde estudiaría física.

Así lo hizo. En 1905, a la edad de 26 años, finalizaba el doctorado, presentaba su tesis y realizaba otros varios proyectos sobre Física. Entre ellos, algunos estudios sobre el Movimiento Browniano, el Efecto Fotoeléctrico, la Equivalencia Masa-Energía o la Teoría de la Relatividad Espacial. Proyectos, entre otros, que le valdrían el Premio Nobel de Física de 1921.

Pero a pesar de sus avances, su recién obtenido doctorado o su afán de conocimiento y superación, Albert Einstein tuvo todo tipo de problemas durante este tiempo. Por un lado, por ser un pacifista confeso, y sobre todo, por su origen judío, nunca fue del agrado de los nacionalistas alemanes. Por otro, fue acusado por físicos nazis de crear una sucia “Física Judía”, e intentaron desacreditar todas sus teorías.

Por ello, abandonó Alemania en 1933 en dirección a los Estados Unidos de América, donde comenzó a trabajar en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, obteniendo la nacionalidad estadounidense en 1940.

Fue en Estados Unidos donde Albert estudió el potencial energético del Uranio, dato que quiso compartir con el presidente Franklin Roosvelt, el 2 de agosto de 1939

“Un trabajo reciente (…), el cual se me ha comunicado a través de un manuscrito,
me lleva a esperar que el elemento uranio sea utilizado como una nueva e importante fuente de energía en el futuro inmediato”

En otro campo, mucho más destructivo, advertía de las devastadoras consecuencias de su mala utilización

“Una bomba de este tipo, almacenada en un barco y detonada en un puerto
podría perfectamente destruir el puerto entero y parte del territorio que le rodea”

Lamentablemente, y sólo un año después, los Estados Unidos crearon su proyecto Manhattan, que consistió en la creación de las primeras bombas atómicas, cuyos resultados vieron la luz al final de la segunda guerra mundial, con dos potentes detonaciones en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. Desde ese mismo instante, la figura de un Albert Einstein defensor de los derechos humanos, siempre permanecerá injustamente ligada a la guerra.

En mayo de 1946 sería nombrado Presidente del Comité de Emergencia de Científicos Atómicos, organización destinada a controlar el manejo de la energía nuclear. Una labor que realizó hasta sus últimos días, cuando se unió a la iniciativa del filósofo y matemático Bertrand Rusell de limitar el armamento nuclear en el mundo.

Paradójicamente, un mal uso de sus descubrimientos llevaría al mundo a una de las situaciones más lamentables de su historia. Por eso, no es de extrañar que en más de una ocasión se sintiera realmente decepcionado con el hombre

“solo hay dos cosas infinitas el universo y la estupidez humana.
Y de lo primero, no estoy muy seguro”

No hay duda de que la contribución de Albert Einstein a la humanidad tiene aún hoy una magnitud incalculable. Sus avances en Física y matemáticas, sus aportaciones filosóficas o incluso en relación a las bases de la Teología fueron, son y serán un verdadero punto de inflexión para el mundo de la Ciencia.

 
Las cuatro etapas en el desarrollo de nuevos hábitos
 
Cada hábito del ser humano, como animal capaz de aprender a lo largo de su vida, pasa por una serie de etapas desde el momento que realiza por primera vez cierta disciplina o tarea hasta que acaba conviertiéndola inconscientemente en parte habitual de su rutina.
 
A todos nos pareció realmente complicado por ejemplo, aprender a montar en bici la primera vez. Poco a poco, aquella tarea parecía cada vez un poco menos imposible, sólo teníamos que ser capaces de coger cierta velocidad y mantener la bici lo suficientemente recta. Finalmente, sin necesidad de estar pendiente en cómo controláramos la bici, llegamos no sólo a mantenernos sobre ella, sino también a utilizarla como excelente medio de transporte.
 
Lo mismo podría ocurrir con nuestra primera clase de piano, nuestro primer contacto con los bailes de salón, nuestra primera clase de matemáticas avanzadas en la escuela, o nuestro primer cambio de pañales a nuestro hijo, por poner solo unos ejemplos. Todas aquellas tareas que implican un aprendizaje, pueden resultar realmente difíciles en los inicios, pero se acaban convirtiendo en parte de nuestras rutinas si las realizamos habitualmente.
 
El desarrollo de todo nuevo hábito pasa por un proceso de 4 fases:
 
1. INCONSCIENTE E INEXPERTO:
Es ese momento en el que ni siquiera conoces la rutina en cuestión. Por ejemplo, es ese primer día que te ofrecen la bicicleta. Absolutamente todo en el proceso es nuevo para ti. No sabes ni cómo subirte en ella, ni la necesidad de pedalear, ni la manera como gira. A lo mejor, incluso puede que sea la primera vez que hayas visto una bicicleta.
 
2. CONSCIENTE E INEXPERTO:
Son tus primeros contactos con esa bici. Debes pensar constantemente en cada una de las partes importantes del proceso de andar en ella. Debes ser consciente de mantener el pedaleo, de no perder la verticalidad, de tener cuidado de no girar demasiado el manillar… Es la etapa más difícil del proceso, pues implica estar pensando al mismo tiempo en aplicar adecuadamente todos esos datos, a la vez tan complejos para una persona que difícilmente puede preocuparse de mantenerse en posición correcta. En esta fase, el hábito todavía te resulta un tanto antinatural, raro e intimidatorio.
 
3.CONSCIENTE Y EXPERIMENTADO:
El proceso se vuelve mucho más natural. Aquello que en los inicios pareciera extraño o incluso imposible, ahora sientes más propio para ti. Ya has aprendido a leer correctamente, andar en bici, tocar la guitarra, escribir al ordenador prácticamente sin mirar al teclado, o has aprendido a ir al baño y ya no necesitas llevar pañales… ya eres capaz de hacer conscientemente todo aquello que parecía tan difícil, y cada vez te sientes más a gusto con este nuevo hábito.
 
4. INCONSCIENTE Y EXPERTO:
Es ese momento en el que te sientas ante el piano y surge la música inconscientemente, sin necesidad de pensar en dónde colocar tus dedos; es cuando caminar, correr, nadar, andar en bici se han convertido en un proceso totalmente natural. No somos conscientes de ello, no los realizamos conscientemente y, sin embargo, los realizamos correctamente. Quién podría decir que todos aquellos nuevos hábitos, aparentemente tan imposibles, pudieran llegar a ser parte tan inconsciente de nuestra vida…
 
Sirva como ejemplo motivador Michael Jordan, para muchos el mayor jugador de baloncesto de todos los tiempos. Un verdadero mito, 6 veces campeón de la NBA, 2 veces campeón olímpico y galardonado con el premio al mejor atleta del siglo XX, entre otros muchos galardones que, aunque pueda parecer mentira, saltó por primera vez a la cancha sin siquiera saber botar un balón, con la necesidad de contar sus pasos y de pensar en botar constantemente la pelota. El hecho de jugar al basket, en su primera vez, debió de ser algo totalmente antinatural e incluso un tanto incómodo para él. Realmente no tenía idea de cómo debía hacerlo. Y sin embargo, tras hacer de aquello un hábito, no solo acabó dominándolo, sino que acabó llevándolo a su nivel más superior: El de “milagro”. Los comentaristas deportivos siempre decían que parecía que jugara de una manera inconsciente. Y la verdad es que, cuando realmente lo sintió tan natural a su persona, se convirtió en un hábito totalmente inconsciente…
 
Personalmente, y con ejemplos como el suyo, nunca me cansaré de admirar la grandeza del ser humano…
 
“Solo hay una persona capaz de hacer frente a Michael Jordan, y ese es Michael Jordan”
 
Aquí te dejamos una pizca de ese milagro, el milagro de un hombre que, como tú o como yo, comenzó un primer día con una rutina que le pareciera totalmente antinatural e imposible… Un hombre que aún seguía batiendo records a los 40 años, que dominó el arte de volar en una cancha, y que supo emocionar, y aun hoy emociona, a todo el mundo del baloncesto…
 


 
 

 
 
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Feliz 2013, cargado de iusiones, sueños y metas por alcanzar
 
Las Navidades, más allá de esas fechas en las que uno comparte una mesa, unos alimentos y unos recuerdos rodeado de sus seres queridos, resulta la mejor oportunidad para hacer un balance de cómo vamos finalizando el año. De todos los propósitos que teníamos para él, de lo que hemos conseguido y de lo que todavía tenemos a mitad de camino.
 
Siempre, con el año nuevo, surge la motivación d afrontar esos retos que tenemos pendientes: “este año tengo que dejar de fumar”, “mañana mismo me apunto al gimnasio”, “tengo que aprender inglés de una vez”, “quieres casarte conmigo?”…
 
Todos tenemos retos en nuestra vida. Siempre. Y son estos los que hacen de nuestro día a día una experiencia emocionante. El conocer el camino que quieres dar a tu vida sabiendo lo que buscas alcanzar, te hace disfrutar de la experiencia de vivir. Lo que ocurre es que muchas veces no sabemos identificar aquello que nuestro inconsciente desea lograr.
 
Por eso, merece la pena detenerse unos minutos en estos días de trajín y pararse a pensar el recorrido que ha llevado nuestro camino durante los últimos 12 meses. Evaluar las metas que nos habíamos propuesto y cuántas de ellas hemos alcanzado.  Y determinar la manera como hemos actuado para hacer todo eso posible, si el modo de hacerlo ha sido efectivo y qué podríamos hacer para mejorarlo. Y buscar la fuente que nos motive a caminar este nuevo año hacia esas metas que nos quedan pendientes, decididos a hacernos con todas ellas.
 
Detrás de un propósito siempre está el amor. Si conseguimos luchar por una meta motivados por un amor incondicional, cualquier obstáculo se verá pequeño, desaparecerán casi todos los miedos al fracaso y nada parecerá imposible. Recuerda que nada en la vida es imposible si de verdad crees que puedes hacerlo.
 
Por eso, una de las tareas más importantes a la hora de hacer balance, consiste en encontrar esa razón que nos mueve hacia nuestros retos. ¿Por qué quiero dejar de fumar? ¿Por qué quiero hacer crecer mi negocio? ¿Por qué voy ir al gimnasio? ¿Por qué quiero casarme?…  Detrás de todas estas respuestas, aunque a simpe vista no lo parezca, siempre se esconde el AMOR. Puede ser un amor material hacia el dinero, porque crees  que es tu llave a la felicidad; hacia tus padres, a quienes quieres agradecer que te hayan apoyado en las decisiones más duras de tu vida; a tus hijos, porque merecen tener la mejor infancia que puedan imaginar; a tu pareja, en agradecimiento a haber querido recorrer este camino en la vida contigo; a ti mismo, porque consideras que ya es hora de recoger los frutos de todo el esfuerzo que has ido sembrando durante tanto tiempo…
 
Una vez sepamos cuál es ese destino y la verdadera razón de nuestras metas, nuestra fuerza interior conspirará para que podamos alcanzarlo. Y aquellos obstáculos que parecieran insuperables se nos mostrarán cada vez más borrosos y pequeños. Y esa gran fuerza motivadora nos hará crecernos ante cada uno de ellos. Probablemente caigamos en más de una ocasión, pero el Amor hará que no nos rindamos y acabemos alcanzando todo aquello que hubiéramos deseado.
 
Merece la pena tomarse unos minutos. Encontrar dentro de nosotros esas fuerzas que nos motivan. Y determinar todo aquello que nos haría felices en la vida. Y preparar nuestra hoja de ruta para los próximos 365 días. Y comenzar el año decididos a cumplirla.
 
Desde aquí te deseamos lo mejor para este nuevo año que comienza, cargado de ilusiones, de amor y de muchos muchos sueños y metas por alcanzar.
 
 

 
La Autosuperación (Historia de las 4 Semillas)
 
Cuenta la historia que un día, 4 semillas de roble fueron arrastradas por el viento y llegaron a parar a un pequeño claro de una selva. Y allí, esperando la mejor ocasión para desarrollarse y convertirse en grandes y fuertes robles, se quedaron ocultas en el suelo.
 
Una mañana, con la primera luz de un brillante sol que regaba de vida y de color aquel lugar, una de aquellas semillas decidió comenzar a germinar. Pero no tardó mucho en descubrir que aquello no sería tarea fácil. Precisamente en aquel claro de la selva vivía un grupo de monos, que se divertían arrojando piedras a cualquier planta que quisiera asomar la cabeza decidida a crecer. De este modo, no solo se divertían, sino que también desarrollaban sus habilidades y su puntería para la caza, y mantenían aquella zona libre de vegetación.
 
Aquella primera experiencia de la semilla con los monos, la dejó casi partida por la mitad. Era demasiado débil para aguantar la fuerza de una piedra sobre su costado… y cuando las demás semillas se enteraron de lo ocurrido, decidieron que lo mejor sería esperar a que el grupo de monos se fuera para siempre, para empezar a crecer.
 
Pero hubo una semilla que pensó que al menos debería intentarlo. Y decidida a ello, empezó a germinar. Pero nada más asomar por encima del suelo, recibió su primera piedra, a la que siguieron otras tantas, hasta quedar completamente doblada. Las demás semillas fueron a pedirle que dejara de intentarlo, que no merecía la pena. Pero aquella semilla no desistió, y una y otra vez salía a intentar crecer y convertirse en un grande y fuerte árbol. Y una y otra vez caía doblada por el impacto de las muchas piedras que los monos le arrojaban. Solo algunos días conseguía evitar aquellos golpes. Pero siempre, al día siguiente, algún mono acertaba, y volvía a acabar doblándose y cayendo, y todo volvía a empezar para ella.
 
Hasta que un día, la semilla ya no se dobló. Recibió una piedra, y luego otra, y otra más. Pero aguantó el golpe de cada una, y no llego a doblarse con ninguno de aquellos golpes. Y es que ya había recibido tantos golpes y se había doblado tantas veces que ya su pequeño tronco estaba lleno de nudos y cicatrices que la hacían crecer y desarrollarse mas fuerte que las otras semillas. Así, su delicado tronco se fue haciendo más resistente, hasta ser capaz de superar el golpe de cada piedra. Y para cuando los monos se hubieron dado cuenta de aquello, tampoco fueron capaces de arrancar la planta con sus manos, porque ya era demasiado fuerte. Y allí se quedó, y siguió creciendo, creciendo y creciendo.
 
Y gracias a aquella fuerza de su tronco, y después de haber superado las mayores dificultades en la selva, aquel árbol acabó convirtiéndose en el más majestuoso de los árboles de aquel lugar, mientras las otras semillas seguían esperando que aquellos monos desaparecieran para salir y crecer y desarrollarse, sin saber que precisamente aquellos monos eran los únicos capaces de fortalecer sus troncos y hacer de ellos los más altos de todos los árboles que allí había, a base de cada una de todas aquellas piedras que los irían fortaleciendo para todos los problemas que encontrarían durante su crecimiento y su vida.
 

Por gentileza de Pedro Pablo Sebastián, extraído de www.cuentosparadormir.com