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Cómo Gestionar Eficazmente Nuestro Tiempo
 
Cuenta la historia que había un granjero que tenía unas pocas gallinas en un pequeño corral. Era lo poquito que tenía y siempre estaba pendiente de que no les ocurriera nada.
Pero un día, cuando iba a darles de comer, se sorprendió al ver que la mayor parte de las aves estaban correteando por toda la granja. Se apresuró a coger a todas las gallinas antes de que ninguna se perdiera. ¡Eran lo más valioso que tenía! Y se dispuso a hacer guardia en ese mismo lugar. Y así estuvo día y noche, frente a su corral, evitando que ninguna gallina se escapara.
 
Una mañana, un vecino, preocupado por su amigo al que no había visto hacía días, se presentó en su casa y se sorprendió al verlo sentado frente al corral.
 
¿Pero qué haces? ¿Piensas estar así toda la vida? ¿No ves que tienes un agujero en la valla? ¿Por qué no te pones a tapar de una vez ese agujero?
 
¿Pero no te das cuenta de que tengo cosas más importantes? ¿No te das cuenta de que estas gallinas son lo más valioso que poseo y no puedo dejar que se me escapen? ¿No ves que no puedo dedicarme a ninguna otra cosa mientras me preocupo por ellas? ¡¡¡Ya taparé ese agujero cuando solucione este problema!!!
 
Aunque parezca un tanto exagerado, muchas veces nos comportamos como el granjero. No sabemos diferenciar ni priorizar lo importante frente a lo urgente. Y vamos corriendo por el mundo perdiendo gran parte de nuestro tiempo haciendo las cosas de tal manera que vivimos en una constante carrera absurda.
 
Si recuerdas el artículo que dedicamos al Principio de Pareto y su proporción del 80-20 , comentábamos que dedicamos el 80% de nuestro día a hacer cosas que nos consumen demasiado tiempo y no nos ayudan a alcanzar aquello que andamos buscando. Metafóricamente hablando, nos estamos esforzando en llegar al puerto remando hacia mar adentro.
 
Según nos vamos profesionalizando y nuevas tareas y retos van surgiendo en nuestras vidas, nos damos cuenta de que hay pocas cosas más valiosas que nuestro tiempo. Principalmente porque ese tiempo que puedas estar perdiendo ahora mismo no lo vas a poder recuperar nunca.
 
Una de las virtudes que caracterizan a toda aquella persona efectiva es que dedica unos minutos todos los días a planificar su jornada diaria, semanal, a corto y a medio plazo. Y la revisa periódicamente para comprobar que lo está aplicando correctamente.
 
A veces podremos llegar a creer que somos superhéroes, que somos capaces de llevar toda nuestra rutina, nuestra familia, nuestro trabajo, nuestro hobby y nuestros proyectos adelante, y llevarlos en las mejores condiciones. No siempre es tan sencillo y en ocasiones tendremos que priorizar algunas cosas frente a otras. Lo bueno es que muchas de estas cosas las hemos metido en nuestra vida sin que hayan sido nunca importantes. Por lo que no debería ser difícil que pudiéramos desprendernos de ellas.
 
 
1. Antes de nada tienes que tener claro cuáles son tus objetivos, tus metas, TU MISIÓN. Difícilmente llegaremos a nuestro destino si no sabemos el camino que debemos llevar. Piensa detenidamente qué es aquello que realmente deseas. Una vez lo sepas y dirijas tu mirada a ello, tendrás casi la mitad del problema resuelto.
Pueden ser objetivos en el trabajo, en la familia, en los deseos personales, etc. Este ejercicio servirá para todos los aspectos de tu vida.
 
2. Lo siguiente consiste en establecer ciertas prioridades. Elaborar durante unos días la rutina a la que estamos acostumbrados, una lista de todo aquello a lo que dedicamos cada minuto y que son los asuntos en los que transcurre nuestra vida. A partir de ese listado de rutinas, tendrás que determinar en qué punto te ayudan a alcanzar esas metas. Quizá deberías clasificarlas en varios grupos, las que son verdaderamente importantes y las que no. Además, puesto que habrá algunas tareas que forman parte de nuestra rutina y que debemos realizar aunque no nos son indispensables para alcanzar nuestros objetivos, todas esas tareas las clasificaremos en más urgentes o menos urgentes.
 
3. Y como ya hemos dicho que no somos superhéroes, nos veremos en la obligación de liberar cierto tiempo y desprendernos de algunas de aquellas tareas que hayamos clasificado como ni urgentes ni importantes. Todos hemos perdido a lo largo de la vida, más o menos tiempo irrecuperable realizando rutinas que no nos llevaban a ninguna parte y nos iban consumiendo los días uno tras otro.
Pues sabiendo dónde estamos desperdiciando ese tiempo, ahora ya podemos optimizarlo.
 
4. A partir de ahí, con un listado de rutinas más o menos importantes y necesarias en el día a día ,sólo queda redactar tu plan, establecerlo y seguirlo como si se tratara del mapa hacia tus objetivos. Debe ser como tu horario de tiempos.
 
Dedícate unos minutos al final de la semana para planificarlo, de modo que cuando amanezca el lunes ya tengas claro qué deberías estar haciendo a determinada hora y cuándo estarás realizando aquella otra.
Y revisa esa lista cada día. Cíñete al plan y no intentes modificarlo sobre la marcha. Haciéndolo de esta manera, con un poco de práctica te volverás más disciplinado, empezarás a dar verdadero valor al tiempo que dedicas a todas las tareas que realizas, las harás más rápido y en mejor calidad. E inconscientemente, acabarás gestionando toda tu vida de manera mucho más efectiva.
Al principio podrá resultarte duro no entrar al facebook o al twitter cada vez que enciendes tu PC, no responder las llamadas de tus amigos en tu hora de estudio, o evitar quedarte un rato más viendo la tele porque te ha entrado un poco de pereza y tienes ganas de sofá. Pero además de que probablemente no sean asuntos vitales en tu vida, te ayudarán a dar lo mejor de ti mismo y te permitirán alcanzar el día de mañana aquello que tanto deseas.
 
 
No olvides que una gran parte de camino al éxito es la disciplina. Y la disciplina empieza con una buena gestión de nuestro tiempo. Así que no tengas ninguna pereza en elaborar esa lista de tareas, establecer tus prioridades y planificar tus horarios de rutinas.
 
Y el tiempo te acabará demostrando que habrá valido la pena.
 
 

 
La Autosuperación (Historia de las 4 Semillas)
 
Cuenta la historia que un día, 4 semillas de roble fueron arrastradas por el viento y llegaron a parar a un pequeño claro de una selva. Y allí, esperando la mejor ocasión para desarrollarse y convertirse en grandes y fuertes robles, se quedaron ocultas en el suelo.
 
Una mañana, con la primera luz de un brillante sol que regaba de vida y de color aquel lugar, una de aquellas semillas decidió comenzar a germinar. Pero no tardó mucho en descubrir que aquello no sería tarea fácil. Precisamente en aquel claro de la selva vivía un grupo de monos, que se divertían arrojando piedras a cualquier planta que quisiera asomar la cabeza decidida a crecer. De este modo, no solo se divertían, sino que también desarrollaban sus habilidades y su puntería para la caza, y mantenían aquella zona libre de vegetación.
 
Aquella primera experiencia de la semilla con los monos, la dejó casi partida por la mitad. Era demasiado débil para aguantar la fuerza de una piedra sobre su costado… y cuando las demás semillas se enteraron de lo ocurrido, decidieron que lo mejor sería esperar a que el grupo de monos se fuera para siempre, para empezar a crecer.
 
Pero hubo una semilla que pensó que al menos debería intentarlo. Y decidida a ello, empezó a germinar. Pero nada más asomar por encima del suelo, recibió su primera piedra, a la que siguieron otras tantas, hasta quedar completamente doblada. Las demás semillas fueron a pedirle que dejara de intentarlo, que no merecía la pena. Pero aquella semilla no desistió, y una y otra vez salía a intentar crecer y convertirse en un grande y fuerte árbol. Y una y otra vez caía doblada por el impacto de las muchas piedras que los monos le arrojaban. Solo algunos días conseguía evitar aquellos golpes. Pero siempre, al día siguiente, algún mono acertaba, y volvía a acabar doblándose y cayendo, y todo volvía a empezar para ella.
 
Hasta que un día, la semilla ya no se dobló. Recibió una piedra, y luego otra, y otra más. Pero aguantó el golpe de cada una, y no llego a doblarse con ninguno de aquellos golpes. Y es que ya había recibido tantos golpes y se había doblado tantas veces que ya su pequeño tronco estaba lleno de nudos y cicatrices que la hacían crecer y desarrollarse mas fuerte que las otras semillas. Así, su delicado tronco se fue haciendo más resistente, hasta ser capaz de superar el golpe de cada piedra. Y para cuando los monos se hubieron dado cuenta de aquello, tampoco fueron capaces de arrancar la planta con sus manos, porque ya era demasiado fuerte. Y allí se quedó, y siguió creciendo, creciendo y creciendo.
 
Y gracias a aquella fuerza de su tronco, y después de haber superado las mayores dificultades en la selva, aquel árbol acabó convirtiéndose en el más majestuoso de los árboles de aquel lugar, mientras las otras semillas seguían esperando que aquellos monos desaparecieran para salir y crecer y desarrollarse, sin saber que precisamente aquellos monos eran los únicos capaces de fortalecer sus troncos y hacer de ellos los más altos de todos los árboles que allí había, a base de cada una de todas aquellas piedras que los irían fortaleciendo para todos los problemas que encontrarían durante su crecimiento y su vida.
 

Por gentileza de Pedro Pablo Sebastián, extraído de www.cuentosparadormir.com
 
 

 
la historia del carpintero

 
Cuenta la historia que un día, en una carpintería, todas las herramientas se reunieron para discutir sus diferencias.
 
El martillo, el más efusivo de todas ellas,  se adelantó a decir que él debía de ser el presidente, Porque en todo el lugar no había herramienta  más fuerte que él.
 
Sin embargo, algunas de sus compañeras, indignadas,  pidieron su renuncia, porque siempre estaba haciendo demasiado ruido, era rudo y agresivo y todo lo arreglaba a la fuerza.
 
Dicho aquello, el martillo, en parte, dolido, admitió su culpa, pero también pidió que renunciara el destornillador, porque era demasiado terco, y siempre acababa  dando demasiadas vueltas hasta lograr conseguir aquello que se proponía.
 
El destornillador, también admitió su parte de culpa, pero pidió que se expulsara a la lija, que se comportaba siempre de un modo áspero y seco en el trato con las demás.
 
La lija, sintiéndose sorprendida a la vez que culpable por tales acusaciones, arremetió contra el metro, que siempre buscaba medir a los demás según su criterio, con dotes de superioridad, como si sólo él fuera perfecto.
 
Justo en ese momento, el carpintero entró en el cuarto, juntó todas sus herramientas e inició su trabajo. Y utilizando su martillo, su destornillador, su lija y su metro, convirtió unos pedazos  de  madera rústica en un precioso y elegante mueble.
 
Cuando el carpintero, satisfecho, acabó su trabajo y se fue, las herramientas quisieron continuar con aquella asamblea. Pero el serrucho, muy vivo y cortante, se adelantó, y les demostró con aquella actitud de su dueño,  que todas ellas tenían sus pequeños defectos. Pero que él trabajaba con ellas resaltando las cualidades y puntos mas valiosos de cada una, en lugar de fijarse solamente en sus flaquezas.
 
Que amaba a su martillo porque era fuerte.
 
A su destornillador porque unía con decisión.
 
A su lija porque limaba todas las asperezas.
 
Y al metro porque era preciso y exacto en su trabajo.
 
Y que todas aquellas herramientas, formaban un equipo capaz de generar Calidad.
 
Y en ese momento, todas se sintieron afortunadas de poder trabajar juntas.
 
En las personas, del mismo modo que con aquellas herramientas,  no sirve de nada encontrar los defectos de los demás. Tenemos que buscar la manera de complementar los defectos con las fortalezas  y  virtudes de cada uno. Para juntos, poder formar Equipos capaces de generar Calidad. Es ahí donde florecen las mayores conquistas humanas.
 
 

 

nunca te rindas
LA PARÁBOLA DEL CABALLO:

Erase una vez un hombre,  con muy poco dinero, unas cuantas tierras, y algunos caballos que le ayudaban en las tareas diarias.

Un día, su capataz llegó corriendo donde él para informarle de que uno de sus caballos había caído herido a un viejo y profundo pozo, y que sería imposible poder sacarlo de alli.

Al pobre hombre, roto de dolor, corrió desesperadamente hasta aquel pozo, recordando que aquellos caballos eran lo único que tenia en su vida.

Comprobó que el pozo era demasiado profundo, y que sería imposible poder sacar el caballo por sus propios medios, y no disponía de suficiente dinero para pedir ayuda.

Desalentado, el hombre pidió a su capataz que echaran tierra al pozo, y que sacrificaran al pobre caballo enterrándolo en aquel mismo lugar y así darle una muerte digna, sin que sufriera demasiado.

Y como fuera ordenado, los hombres del capataz empezaron a arrojar  tierra sobre el pozo para cubrir al caballo, pero a medida que ésta caía, el animal la iba sacudiendo de su cuerpo y se iba acumulando en el fondo, la pisoteaba y le permitía ir subiendo poco a poco. Los hombres continuaban arrojando tierra, y el caballo continuaba sacudiendose,  la tierra continuaba acumulandose en el  fondo, y este continuaba subiendo.

Para asombro de todos, a medida que arrojaban mas tierra sobre el animal, más luchaba este por seguir subiendo, hasta que finalmente, consiguió salir, y se fundió en un bonito abrazo con su dueño.

Y Tú, como aquel caballo, cuando te encuentres atrapado en un pozo, y sientas que los otros lanzan tierra sobre ti,  sacúdela y sube sobre ella.

“La única  batalla que se pierde es aquella que se abandona”.

 

fabula del Aguila y las Gallinas

Hoy hemos venido con una Fábula muy ilustrativa, pero también un poco triste, que trata el tema del Pensamiento Limitado (como tratáramos también en el artículo del Autocontrol Emocional), un gran enemigo para todos nosotros…
Es La fábula del Aguila y las gallinas:

Una mañana, caminando por el campo, un granjero encontró caído en el suelo un nido de águila en cuyo interior había un huevo. Creyendo que el águila madre hubiera muerto, el hombre cogió el huevo y al llegar a su granja lo colocó en el nido de una de sus gallinas.
A los pocos días, despues de que aquella gallina suya hubiera incubado aquel huevo, nacio un pequeño aguilucho, que se acabó criando y creciendo como un polluelo junto con los demás polluelos de la granja.
Aquel aguilucho creció, pero de estar viviendo con gallinas y sintiendose una gallina, se comportaba como una de ellas. Picoteaba, rascaba la tierra para conseguir comida. Y a pesar de tener deseos de grandeza y querer volar, no batia sus alas y se limitaba solo a aletear y agitar levemente sus alas, y no conseguia nada. Pero todo aquello le parecia normal, porque todas sus hermanas se comportaban de la misma manera.
Un dia, alzó su mirada al cielo admirada ante la imagen de una magestuosa ave que volaba sobre sus cabezas. Y le preguntó a una de las otras gallinas de qué ave se trataba.
– Es la Reina de la Aves. Un Aguila imperial. Pero no la mires tanto. Tú nunca serás como ella.
Y el águila se dejó llevar por los consejos de la gallina y nunca más volvio a prestar atención a las aguilas que volaban sobre sus cabezas. Y finalmente murió creyendo que era una gallina.

“El ser humano está llamado a volar alto y a sentirse líder como el águila.
Pero si crees que eres una gallina, acabarás muriendo siendo una gallina.
Tu pensamiento es lo que tú eres”