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La Escucha Activa y La Conciencia Plena Comunicativa
 
Uno de los problemas más comunes en las relaciones personales en este siglo XXI no es otro que la falta de comunicación que sufrimos, sobre todo debido a que hoy en día no somos capaces de escuchar a los demás, que no es sino el aspecto más importante de toda comunicación.
 

“El gran Arquitecto del Universo
hizo al hombre con dos orejas y una boca,
para que así escuche el doble de lo que habla”

                                                                                          (proverbio chino)

 
En plena Era de la Revolución de las nuevas tecnologías, hemos aprendido a interactuar con las personas a través de dispositivos móviles, pantallas de ordenador, y servicios de mensajerías instantáneas, lo que ha provocado que quitemos gran importancia al acto de escuchar, imprescindible en toda buena comunicación.
 
La escucha activa consiste en saber entender la comunicación desde el punto de vista  de la persona a la que escuchamos. No se basa simplemente en oir, sino en ponernos en su lugar y entender qué es lo que realmente la otra persona piensa y siente al respecto.
 
La escucha activa es dar sentido a lo que se oye. Pero también es dar sentido a lo que se ve, al cómo se ve y al cómo se oye. El tono con el que nos hablan, los gestos, la fluidez, tienen una fuerza casi mayor que lo que se dice, y permite al receptor interpretar y entender mejor el contenido del mensaje, las ideas o pensamientos que subyacen tras cada palabra. En ultima instancia, debemos casi ponernos en el lugar de la otra persona para conocer los hechos tal y como ella nos los cuenta.
 
Debemos ser capaces de prestar atención constante, haciendo ver que sentimos interés por lo que nos cuentan. Mirar directamente a sus ojos de vez en cuando (no en exceso), asintiendo con la cabeza, y evitando las miradas perdidas y faltas de concentración, o distracciones, que actuarían como jarros de agua fría sobre nuestro acompañante.
 
Para que la comprensión sea efectiva, debemos asegurarnos de que nuestras interpretaciones son correctas, preguntando, si fuera necesario, aquellas cuestiones que necesitemos aclarar. Con este simple acto le haremos llegar el mensaje de que nos preocupa e interesa lo que dice y que estamos atentos a esa conversación que nos une. Y hará que se muestre más receptivo, creando una comunicación aún más directa.
 
Repetir sus frases o palabras importantes, intercalar textos de refuerzo como “te refieres a…” o “quieres decir que…”, asentir con la cabeza o  mostrar un tono agradable de voz harán que a conversación fluya inconscientemente, que el interlocutor se sienta apreciado y disfrute charlando contigo.
 
Sin embargo, en el intento de hacer llegar a nuestro emisor el mensaje de interés que pretendemos, debemos evitar errores tan graves como interrumpir en mitad de su exposición, u ofrecer soluciones prematuras. El “Síndrome del Experto” puede hacer que una conversación distendida acabe en desastre y perdamos toda confianza por parte del hablante.  Además, los juicios personales y prejuicios (que todos tenemos) pueden hacernos adoptar conclusiones desacertadas. En el momento que sintamos que nuestros prejuicios hacen aparición, haremos un esfuerzo extra por escuchar “las palabras” más allá de escuchar únicamente a “la persona”. Es lo que se denomina Percepción Selectiva: Vemos y encontramos aquello que andamos buscando.
 
El hecho de mostrar interés no significa que debamos estar de acuerdo con el hablante. La escucha activa no consiste en dar la razón, sino en conseguir una comunicación eficaz, estemos o no estemos de acuerdo con aquello que se dice.
 
Siempre podemos dar una opinión personal, con aportaciones como “a mi modo de ver…” o “personalmente…”, pero nunca con verdades universales. A nadie le gusta que le lleven la contraria en una conversación.
 
Y por supuesto evaluar el momento y la situación o la compañía en la que nos encontremos, dependiendo de cómo pueda transcurrir la comunicación. Si es momento de elogiar a una persona, será tremendamente gratificante para nuestro interlocutor que se encuentre rodeado de personas cercanas y significativas en su vida. En cambio, si se trata de enfrentar opiniones dispares, hacer una crítica o dar solución a un problema en común, pedir explicaciones, etc, deberíamos esperar a estar a solas con él, para evitar posibles situaciones embarazosas para ninguno.
 
En el siguiente video se explica cómo escuchar de manera eficiente y activa. Esperamos te sea útil de cara a futuras conversaciones.
 


 
 

 
El Ejercicio Físico y la Inteligencia
 
Desde pequeños, en la escuela, la educación ha pretendido ir ligada a la práctica del ejercicio físico. Clases de lengua, historia, plástica o matemáticas se intercalaban con horas de educación física y gimnasia que, de igual modo, computaban en el curso escolar.
 
Muchos padres, algunos profesores y todos los alumnos menos atléticos, siempre han estado de acuerdo en decir que las clases y, en última instancia, las notas en educación física, no importaban tanto como cualquier otra materia “de peso”. Sin embargo, no sólo la educación física en los jóvenes es necesaria, sino que además resulta altemante producente para el resto de aspectos del niño, y por supuesto, en los aspectos de cualquier adulto. Para eso no hay edad. El ejercicio no tiene fecha de consumo preferente.
 
Y no hablamos solamente del aspecto físico, el mantenernos ágiles, evitar el sedentarismo y combatir problemas como la obesidad infantil. El ejercicio es uno de los mayores pilares para un correcto desarrollo de la inteligencia y la memoria en las personas. Dicho en otras palabras: la práctica habitual de cualquier actividad física ayuda a mejorar el rendimiento cerebral.
 
Esto se debe a razones neurológicas. Al realizar un ejercicio físico, se interrelacionan los dos hemisferios de nuestro cerebro, y estos funcionan complementándose. Por un lado, el hemisferio izquierdo se encarga de controlar el área lógica y las cosas aprendidas a lo largo de nuestra vida. El derecho, controla todo el aspecto intuitivo, la creatividad, el pensamiento. La práctica de una tarea que implica una actividad tan intensa de ambos hemisferios es una de las mejores maneras de desarrollar plenamente nuestro intelecto.
 
Por eso, cuando niños, es altamente recomendable la práctica de todo tipo de actividad física, y no limitarla a las pocas horas de educación física de la escuela. Actividades deportivas extraescolares o los juegos en el parque deberían ser tarea tan importante como los deberes de química. Ya no solamente por temas de salud, buscando prevenir patologías que pueden desembocar en problemas motores, obesidad, sedentarismo, diabetes, hipertensión o insuficiencias cardíacas en edad adulta, sino también igualmente importante porque gracias a ello somos capaces de mejorar nuestra inteligencia y acelerar nuestra curva de aprendizaje, tanto los niños, como los menos niños.
 
Así pues, merece la pena que nos pongamos en movimiento desde ya mismito!
 
 

 

La Mnemotecnia, en Busca de Una Memoria Prodigiosa

 

Todos nosotros, alguna vez en nuestra vida, nos hemos visto incapaces de recordar acontecimientos o datos que incluso acabábamos de intentar memorizar. Hemos olvidado números de teléfono de toda la vida, una vez que hemos empezado a guardar nuestros contactos en agendas electrónicas y otros tantos dispositivos de nueva generación. Hemos comprobado cómo de una lista de pocos artículos, volvíamos del supermercado con la mitad de la compra porque no hemos sido capaces de recordar aquello que queríamos comprar…

Y sin embargo, hay ciertas cosas que hemos aprendido, algunas de ellas en nuestros primeros años de vida, que nunca se nos olvidan.

Siendo muy niño me enseñaron que:

Andalucía tiene 8 provincias, desde Huelva hasta Cadiz;
Abril, junio, septiembre y noviembre tienen 30 días, febrero 28 (por lo general) y el resto de meses tienen 31;
Mezclando el rojo y el amarillo obtengo el naranja, y el verde cuando mezclo el amarillo con el azul;
Que la Revolución Francesa ocurrió en 1789;

He recordado estos datos sin ningún problema porque mi cerebro las ha asociado con una serie de datos o ideas que tengo bien acomodadas en el inconsciente.

¿Qué hace que unas cosas se recuerden fácilmente y otras no consigan permanecer en nuestra memoria?

Una frase tarareada a modo de canción, una rima sencilla, una fecha cuyas cifras han resultado divertidas, hacen que un concepto a memorizar lo asociemos con una serie de factores que harán que nos resulte más fácil traerlo a nuestra mente y recordarlo. La mayor parte de las cosas que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida las hemos acabado olvidando, porque nuestra mente no ha creado asociaciones entre aquellos datos y otros datos, factores o acontecimientos que por alguna razón recordamos constantemente.

No somos capaces de recordar lo que cenamos anoche, pero difícilmente olvidaremos nunca aquella mañana que sufrimos un accidente de tráfico. Por alguna razón, incluso por razones emocionales, nuestro inconsciente es capaz de asociar diferentes datos en nuestra mente y por eso somos capaces de recordar algunas cosas pero no otras.

Sin embargo, sabiendo que las asociaciones favorecen a nuestra capacidad de memoria, podemos crear nuestras propias asociaciones de una manera consciente, haciendo de nuestro cerebro una potente máquina de recordar.

La mnemotecnia es la disciplina que estudia diferentes ejercicios de asociaciones destinados a mejorar nuestra memoria. Algo aparentemente complicado como aprender una lista ordenada de 50 palabras en unos pocos segundos, memorizar el orden de los naipes en una baraja de cartas, o identificar gran cantidad de rostros con un nombre y un número de teléfono, son resultados fáciles de alcanzar para aquel que dedique un poquito de su tiempo a ejercitar su capacidad mnemotécnica. Merece la pena. No solo por la satisfacción que genera saber que estamos adquiriendo una memoria prodigiosa, sino porque además resulta una técnica realmente divertida.

Pocos son los que se han decidido a hablar o escribir sobre el  arte de la mnemotécnica, y sin embargo, se sabe que algunos ilustrados de la Grecia Antigua ya la conocían y la practicaban, demostrando al resto sus habilidades, a veces, casi sobrenaturales:

 

“…las personas que deseen educar la memoria han de seleccionar lugares y han de formar imágenes mentales de las cosas que deseen recordar,
y almacén de esas imágenes en los lugares (que ya tienen dispuestos en a memoria) de modo que el orden de los lugares asegure el orden de las cosas,
y de modo que las imágenes de las cosas denoten las cosas mismas…”

                              (Cicerón, 106 a.C – 43 a.C)

 

Existen diversas técnicas mnemotécnicas probadas y comprobadas a lo largo de los tiempos. Aquella a la que se refería Cicerón se basa en asociar esos datos con diferentes lugares o estancias que forman parte de nuestra vida cotidiana y conocemos al detalle. Otras se basan en asociar los datos que pretendemos memorizar con un listado de números planteados de una manera diferente;  Las hay que asocian los datos con historias encadenadas, hay asociaciones fonéticas, etc.

En mi caso, por ejemplo, que me encanta conducir, me gusta asociar y visualizar las imágenes de los conceptos a memorizar con cada curva, paso de peatones, semáforo, rotonda, edificio o  puente que encuentro en mi camino del trabajo a casa, que no es sino el mismo Método “Loci” que practicaba Cicerón. Así, para recordar por ejemplo, mi lista de la compra, sólo tengo que imaginarme conduciendo mi coche hacia casa, y los conceptos aparecerán solos en mi mente.

Diferentes técnicas sirven para diferentes propósitos, pero todas son realmente efectivas si se les dedica un poquito de tiempo al principio. Una vez hayamos adquirido el hábito, las asociaciones se harán automáticamente y se almacenarán en nuestro cerebro listas para poder ser recordadas…

En el siguiente enlace podrás descargar gratuitamente un “Manual Sobre Mnemotecnia“, de Luis Sebastián. Desde aquí queremos darle las gracias por su labor y dedicación a esta disciplina.

Y para todos aquellos que quieran ir un poquito más allá y conocer los límites de su memoria, les invito a leer la enciclopedia de la Mnemotecnia,  “Cómo Desarrollar una Supermemoria”, de  Harry Lorayne.

Esperamos podáis aprovechar todas y cada una de ellas.

 

 

 

La onicofagia, el hábito de morderse las uñas

 

La Onicofagia es el hábito de morderse las uñas. Se trata de un trastorno nervioso habitual en la pubertad,  aunque en muchos casos perdura hasta la edad adulta, y que puede resultar imposible de controlar.

Los expertos dicen que se trata de un mecanismo de defensa que activamos inconscientemente para rebajar la ansiedad. Algo así como pensar que “si hacemos algo placentero como mordernos las uñas reduciremos la tensión que nos provoca cierta situación”.
Dicho en otras palabras, desviamos la atención llegando a creer en ella como una actividad relajante, una distracción fácil.

Sin embargo, esta conducta puede tener consecuencias realmente negativas para el individuo.
Más allá de los trastornos físicos que puede arrastrar, como puedan ser la deformación de manos y dientes, infecciones en la mucosa bucal y  lecho ungueal (la parte que se encuentra bajo las uñas), los trastornos psicológicos son los que pueden acarrear peores consecuencias a largo plazo. La imposibilidad de realizar ciertas tareas cotidianas por falta de precisión en los dedos (soltar nudos fuertes, abrir determinados envases, despegar cinta adhesiva…), el rechazo a mostrar las manos en público, el no querer mostrar una sonrisa desgastada… creará mayor inseguridad al individuo, lo que provocará inconscientemente que recurra más intensamente a su vía de esparcimiento: seguir mordiéndose las uñas…

Es una práctica que comienza en la infancia, sobre todo entre los niños más nerviosos, y en muchos casos, se acaba convirtiendo en una rutina automática que el afectado realiza de manera totalmente inconsciente. Pero en ocasiones también puede ser consecuencia de la imitación que realiza el niño de aquello que ve hacer a sus padres o hermanos mayores, cuando estos padecen el mismo hábito.

Se trata de una costumbre difícil de romper cuando viene provocada por situaciones de estrés, nerviosismo, insatisfacción, etc. Cada vez que la persona se encuentra en situaciones negativas como estas, la manía se intensifica e inconscientemente, el hecho de practicarla parece que nos alivia, haciendo que se intensifique todo el círculo vicioso que lo mueve.

En definitiva, la mayor parte de las veces son razones psicológicas las que nos mueven a mordernos las uñas. Y si queremos erradicar esta costumbre de nuestra vida, debemos comprometernos a llevar un control de las situaciones que nos provocan esta conducta. Por eso, es muy recomendable llevar anotaciones de por qué y cómo caemos en la tentación.
Debemos anotar las situaciones en las que nos descubrimos mordiéndonos las uñas, y buscar las razones que nos han levado a ello. Todo tiene una razón Psicológica. ¡A nadie le gusta el sabor de una uña, ni la imagen que damos cuando nos metemos las manos en a boca, ni el lamentable aspecto de nuestros dedos! Por eso, esas notas arrojarán algunos datos interesantes. Y nos harán pensar en las razones por las cuales nos sentimos tentados a aliviar esas incomodidades con un hábito tan engañoso como negativo para nuestra salud y nuestra autoestima. El dejar de morderse las uñas, como dejar de fumar o dejar de arrancarse los pelos de las cejas o de la cabeza, no es cuestión de fuerza de voluntad, sino de superar aquellas inseguridades que nos trastornan.

Así es. En el momento que nos sintamos tranquilos y seguros a la hora de hablar en público, de conducir nuestro coche, de asistir a una reunión con nuestro jefe, o de ver un partido de nuestro equipo favorito, y lleguemos a creer que podemos disfrutar de ello, nada en nuestro inconsciente nos tentará a mordernos las uñas, porque además de no necesitarlo, finalmente nos habremos dado cuenta de que no tenía ningún sentido.

Se trata de una programación y corrección mental. En todas las adicciones el cerebro asocia un falso beneficio con el elemento al cual se siente vinculado. Cuando la persona finalmente comprueba que dichos beneficios no existen, el vínculo queda roto, y casi sin necesidad de fuerza de voluntad, la adicción tarde o temprano termina desapareciendo.
Puesto que todo se basa en una reprogramación de nuestra manera de pensar, te invitamos a que no dudes en consultar  este artículo que dedicamos a Cómo dejar de fumar.  Estamos convencidos de que sus conceptos también ayudarán a dejar de morderse las uñas.

 

 

 

manual de lectura rápida

 

Uno de los métodos más eficaces a la hora de aprender a leer rápidamente y comprender aquello que leemos consiste en adquirir una VISIÓN PERIFÉRICA, es decir, leer como si lo hiciéramos “de pasada”, haciendo barridos con la mirada, no deteniéndonos a cada palabra, sino en zonas o PALABRAS CLAVE, agrupándolas o incluso tomando las más destacadas. En ocasiones se pueden tomar como referencias clave los subrayados, negritas o textos  destacados, en aquellos escritos donde los haya. La idea es HABITUAR NUESTRA MIRADA  y nuestra lectura interna a la lectura real de nuetra mente . Esta es capaz de comprender a una velocidad mucho más rápida de la que estamos acostumbrados. Y sin embargo, muchas veces, haciéndolo a un ritmo mucho más lento, no somos capaces de hacer lecturas efectivas. Este problema no es debido a la velocidad. Se debe al Método. Pero sobre todo, se debe a  la FALTA DE CONCENTRACIÓN. Existe una serie de EJERCICIOS Y RUTINAS que ayudan no solo a mantener la concentración en nuestras lecturas, sino también en la VELOCIDAD  y PRODUCTIVIDAD como lo hacemos. Esto hará que la persona que los practique y los aplique eficientemente consiga  realizar sus lecturas   mucho más rápido y las comprenda y recuerde durante más tiempo.

1. Lo primero que debemos hacer es RELAJARNOS. Una lectura nunca será correcta si estamos tensos. Cuando nuestra mente se encuentra en tensión resulta sumamente fácil que perdamos la concentración y nos sintamos obligados a regresar y releer una y otra vez los mismos párrafos cada vez que perdamos el hilo de nuestra lectura. Eso no sucedería si estuviéramos relajados y centrados en el texto. A cada cosa hay que dedicarle su tiempo y no podemos dedicarle su tiempo a una lectura si nuestra  cabeza se distrae por momentos en otras cosas. Hay que habituar  nuestros ojos a una VISIÓN ERIFÉRICA. No centrándonos en el flujo lógico del texto, sino intentando alcanzar una visión más amplia a lo largo y a lo ancho, tomando el BLOQUE DE TEXTO como si fuera una IMAGEN. Del mismo modo como lo hacemos cuando conducimos, mirando al conjunto, o como cuando miramos una película en el cine y sentimos la presencia de una persona que se va a sentar junto a nosotros.

2. Inicialmente, practicaremos agrupando las palabras de los textos de 2 en 2. De modo que con una sola mirada seamos capaces de leer 2 palabras consecutivas a la vez. Casi sin darnos cuenta, seremos capaces de leerlas de 3 en 3 y, con un poco de práctica y constancia, estaremos leyendo líneas enteras de texto  con solo un par de miradas fugaces, aumentando considerablemente la velocidad de nuestra lectura visual. Al mismo tiempo, una vez que nuestra  velocidad de lectura visual (también llamada voz interna) se aproxime a la velocidad mental, el riesgo de distracción y falta de concentración se reducirá al límite. Con lo cual, cuanto más rápido podamos leer, mayor grado de concentración seremos capaces de alcanzar.

3. Finalmente, para desarrollar un poquito más, tanto la visión periférica como el poder de concentración, una vez adquirida cierta destreza, se pueden realizar ejercicios basados en barridos visuales en forma de Z, de X, de U. primero, centrándonos en párrafos o medias páginas. Y con la práctica, en páginas completas.

La constancia y una buena disciplina nos permitirá educar nuestra visión periférica y leer visualmente casi al ritmo que lo hace  nuestra mente, reduciendo considerablemente el tiempo de lectura del mismo modo que aumentamos la calidad de la misma.

La siguiente obra es una excelente rutina guiada por medio de ejercicios prácticos para desarrollar una potente visión periférica y lectura visual.

 

manual de lectura rápidaMANUAL DE LECTURA RÁPIDA (por Antonio Blay Fontcuberta)

 

 

 

 

 

 

 

 

puedes dejar de fumar y de ser esclavo del tabaco

 

Hoy en día son muchos los que desean dejar de fumar y no pueden.  Cada vez encuentran más razones para quitarse ese estúpido hábito del tabaco, pero no es tan fácil como parece.

Desde hace tiempo se ha venido comprobando que fumar es caro para nuestra salud. Provoca infinidad de enfermedades como cáncer, problemas respiratorios o insuficiencias cardíacas.

Además, fumar es caro en el sentido económico. En los precios actuales, teniendo en cuenta que el fumador medio consume un paquete diario y suponiendo que tenga 30 años y una esperanza de 70, gastará una media de 40.000€ en cigarrillos de aquí a su última cajetilla.

Por si esto fuera poco, hoy en día el tabaco ya no tiene, ni muchísimo menos, la aceptación social que tenía hace 20 años. Antes  era elegante fumar, toda la gente elegante fumaba. Hoy, los fumadores se sienten rechazados y se ven  obligados a contener sus ganas en la mayor parte de acontecimientos y  situaciones públicas, y deben separarse del grupo para poder disfrutar de su “placer”.

Si nos fijamos, de hecho, los fumadores sólo se sienten felices cuando fuman de un modo inconsciente.

Pero, ¿por qué es tan difícil dejar de fumar?

Porque lo asociamos desde un principio a un hecho de fuerza de voluntad. Nos engañamos a nosotros mismos pensando  que de alguna manera, si dejamos el tabaco, estamos sacrificando algo de nuestra vida, aunque no sepamos a ciencia cierta de qué se trate. Estamos convencidos de que el tabaco aporta algo positivo a nuestras vidas, y que si dejamos el vicio, nuestra vida acabará resintiéndose negativamente.

Pero es justo todo lo contrario.

Siempre se ha dicho que fumar ayudaba a la relajación y a la concentración. No sólo no es así, sino que el hecho de ser fumador nos convierte en personas fácilmente alterables e irritables, por la adicción a la nicotina, que nos impide sentirnos relajados y concentrados. Así que para contrarrestar ese mono de nicotina y poder llegar a un grado de relajación y concentración adecuados, necesitamos darle a nuestro cerebro su dosis de nicotina. En otras palabras,  le damos a nuestro cuerpo la misma medicina que creó su problema, y seguirá siendo así, en esa espiral sin fin hasta que el propio fumador decida romper esa cadena que le esclaviza.

Del mismo modo, se dice que fumar conbate el aburrimiento. Naturalmente, no es así. Cuando el cuerpo pide su dosis de nicotina, se siente estresado mientras su hambre no es satisfecha, y entra en un estado de alteración. Una vez  introducida en el cuerpo, finalmente la nicotina te hace sentir letargo. Pero realmente no hace más que aliviar los síntomas que ella misma ha causado. Un NO  FUMADOR no se siente aburrido por no fumar.

Realmente el tabaco no aporta nada positivo a un fumador con respecto a la persona que no fuma. Además de verse obligados a hacerlo en pequeños guetos, llenan su cuerpo de sustancias nocivas para su salud, amarillean sus manos y sus dientes, dan a sus ropas unos desagradables olores, gastan una cantidad indecente de dinero, y todo para alcazar el estado de relajación, concentración, distracción que han perdido por el hecho de fumar… menuda contradicción.

Pero, siendo tan claro como parece, ¿por que no puedo dejar de fumar?

Por MIEDO.

Hemos hablado del miedo a perdernos algo en la vida. Todo fumador está convencido de que, si bien fumar es malo para su salud, su economía o su integración en la sociedad,  se perderá algo positivo el día que deje de fumar. No creen que la vida pueda ser igual sin tabaco.

Por otro lado, está el miedo a no poder conseguir  dejar el hábito de fumar. Y este, probablemente sea el mayor miedo de todos…

Algunos expertos aconsejan a los fumadores reducir el consumo como primer paso para dejar de fumar. No sólo alargará el sufrimiento, sino que probablemente sea la peor opción. Porque de esta manera no hacen más que aumentar el tiempo que aguantan el mono. Debemos recordar que el tabaquimo  es una  ADICCIÓN. A menos que la erradiquemos del todo, nunca va a ir a menos,  siempre irá  a más.  Por eso, reducir el consumo no es una opción a tener en cuenta.

Y tampoco deberíamos recurrir a sustitutivos como la comida, los dulces o los caramelos, o productos especiales como parches o chicles de nicotina. Si intentamos suplir una adicción con la ingesta de otros productos, engañaremos a nuestra mente pensando que estamos superando la adicción cuando en realidad no es así. Los sustitutivos son la segunda peor opción.

Debemos hacer ver a nuestro cerebro que no existe sacrificio en dejar de fumar. Debería ser una recompensa. Fumar no nos beneficia en nada. Por eso, no debemos complementar un cigarrillo con comida o chicles. Debemos hacernos ver que este juego no es bueno, juguemos como lo juguemos.

Por eso tampoco valen las apuestas o las recompensas. Cuántas veces habremos intentado dejar de fumar los amigos apostando a quién se rendiría primero?  O cuántas veces habremos soñado con unas vacaciones de ensueño con lo que nos íbamos a ahorrar en tabaco en un año?

Si dejamos de fumar con la sensación de que estamos sacrificando algo de nuestra vida, los resultados pueden ser menos buenos de lo que esperamos. Ante la primera debilidad lo más probable es que acabemos sucumbiendo ante el primer “un solo cigarrillo. Lo necesito”.

Por eso, el mejor momento para dejar de fumar es AHORA. Nunca sabremos si el cigarrillo que estás a punto de ponerte en los labios puede ser el que desencadene una angina de pecho o un cáncer.  Pero a estas alturas ya deberíamos saber que si hoy has tenido un mal día, un cigarrillo no lo va a mejorar. En todo caso, a la larga lo acabará empeorando.

Empieza a concienciarte desde ahora mismo de que no te hace falta fumar.  Y pronto te darás cuenta de que no hará falta que te lo repitas, porque lo acabarás sintiendo. NO TE HACE FALTA FUMAR.

Por eso, finalmente, cuando ya estés convencido de ello, llegará el Día de la Revelación,  el día que comprobarás que SÍ puedes disfrutar del resto de tu vida sin tener que fumar.

Si crees en ello, este artículo es fruto de la lectura de la Obra de Allen Carr, “Es Fácil Dejar de Fumar, Si Sabes Cómo”. No dudes en consultarla y aplicarla.

Además, te invitamos a leer el artículo sobre “El Hábito de Morderse las Uñas” que tiene una estrecha relación psicológica con el hábito de fumar. Estamos convencidos de que aportará un poco más de luz a un camino sin tabaco.

 

 

 

la siesta

 

Grandes personajes de la Historia tan distintos como John F. Kennedy, Leonardo Da Vinci, Albert Einstein o Napoleón Bonaparte, compartieron en su día una sana afición por la Siesta, ese ratito de sueño corto del mediodía.

Muchas veces asociada con conductas perezosas y hábitos de malgastar nuestro tiempo tirados en la cama a deshoras, hay estudios que demuestran que dormir un ratito de siesta no solo no es una mala costumbre, sino que es una de las herramientas más poderosas para alcanzar el éxito.

No solo nos permite recargar energías y afrontar con fuerza el resto del día, sino que emocionalmente, por ejemplo, puede mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra toma de decisiones, y ayuda a aumentar nuestra creatividad, nuestra memoria y nuestro aprendizaje.

Físicamente, además de equilibrar nuestros ciclos del sueño, mejora las funciones del cerebro, las hormonales, además de reducir considerablemente el riesgo de contraer enfermedades del corazón.

Un cuerpo y un espíritu relajados tras una cura de sueño durante 15 – 30 minutos de siesta es una de nuestras mejores armas para enfocar nuestros deseos y nuestras metas. Merece la pena probarlo.

El mejor momento para la Siesta es justo después del almuerzo.

Asegúrate de encontrar un lugar con buena temperatura y tranquilo de ruidos. Apaga el televisor, el teléfono móvil, e imagina  que el ruido que pueda haber en el exterior es el viento que sopla en un bosque, o el batir de las olas en el mar. O si lo consideras necesario, puedes poner un poco de música relajante de fondo.
Asegúrate de dejar todas tus preocupaciones de puertas para afuera. Antes de adentrarte en tu “Zona Privada”, respira profundamente e intenta relajarte.

Procura que no penetre la luz en tu espacio. Si lo deseas, puedes incorporar un antifaz a tu descanso. Está comprobado que muchas personas se sienten más relajadas cuando duermen a oscuras.

Activa el despertador para transcurridos 15 – 30 minutos. Es el tiempo ideal. Una siesta demasiado larga hará que te despiertes más cansado, de mal humor e incluso con dolor de cabeza.

Una vez despiertes, intenta permanecer unos minutos sentado y relajado. Si no estás acostumbrado, es probable que las primeras veces te despiertes desorientado. Esos minutos a la hora de incorporarte te ayudarán a estabilizar todo tu sistema de alertas.

Lavate la cara, bebe un poco de agua e intenta tomar el aire a cielo abierto  durante algunos minutos. Si no tienes muchas opciones, puedes asomarte a una ventana.

Y siéntete afortunado y un poco más feliz para el resto de la jornada. Pocas técnicas tan sencillas y tan poco sacrificadas pueden mejorar tu salud y tu bienestar físico, mental y emocional.

Finalmente, intenta incorporar estos minutos a tu rutina diaria. Todo tu cuerpo te lo agradecerá.

 

 

No Estamos Predestinados Genéticamente

Desde que eramos niños hemos venido escuchando afirmaciones y sentencias categóricas sobre nuestra herencia genética, y hemos crecido inconscientemente esperando la llegada de ese destino nuestro, de aquellas imperfecciones de nuestros mayores o de aquellas patologias que habían padecido.

Si mi padre era calvo y pequeño, tarde o temprano yo acabaría pequeño y sin un solo pelo.

Si mi madre era obesa, yo acabaría engordando antes de llegar a los 30.

Si mis abuelos y mis tios habían sufrido dolencias cardícas, algún repentino infarto me sorprendería en el momento menos pensado.

Estudios recientes han confirmado la teoría de que determinados hábitos alimenticios durante el embarazo pueden aliviar enfermedades futuras en el bebé. Pero aun habiendose podido perder esa primera oportunidad intrauterina en el vientre de nuestra madre, también es posible evitar ciertas patologías durante el transcurso del resto de toda nuestra vida.

Pero antes de ninguna otra cosa debemos rechazar y deshacernos de todos esos paradigmas que nos han grabado a base de insistencia en nuestra cabeza. Siempre es posible evitar, en mayor o menor medida, las patologías o deficiencias que llevamos en nuestros genes.

Toda persona que se mantiene físicamente activa puede reducir las posibilidades de acumular peso, aun cuando se trate de una persona geneticamente predispuesta a ser obesa.

De ahí que la epidemia actual de obesidad en el mundo de las ultimas décadas no se trate de ningun resultado de cambios en los genes, sino que se debe exclusivamente a cambios en los hábitos.

Del mismo modo, una dieta sana puede combatir eficientemente al gen asociado con las enfermedades cardíacas.

El genotipo de alto riesgo se suaviza con dietas sanas a base de frutas y verduras, actividad física y dejando de lado el consumo de alcohol o tabaco.

Un dato a tener en cuenta es que patologías como la obesidad o la diabetes son más frecuentes en poblaciones pobres en medios y en educación, lo que indica que hay factores NO GENÉTICOS  que afectan de manera muy importante a la salud.

Por tanto, es recomendable un estilo de vida saludable y con buenos hábitos alimenticios para todos y cada uno de nosotros, independientemente de nuestros antecedentes genéticos. Pero esto cobra una importancia mucho más vital cuando está en nuestra mano el poder evitar ciertas enfermedades y patologías a nuestros pequeños  y poder ofrecerles una calidad de vida mucho mayor que la que nos haya podido tocar a nosotros.

Una buena parte de la calidad del futuro de nuestros hijos puede estar en nuestras manos y en cómo los cuidamos desde sus primeros años.  Es una gran oportunidad que se nos brinda  y no deberíamos desperdiciarla.

 

 

 

alimentación sana y natural

Unos buenos hábitos en la alimentación y en el desarrollo de nuestras actividades cotidianas pueden ayudarnos a prevenir muchas de las patologías más habituales que conocemos hoy en día.

Cuando nos levantamos por las mañanas, en primer lugar debemos intentar hacerlo con tiempo suficiente para cumplir con nuestra rutina, evitando que nuestra mente se acelere demasiado y comience el día con prisas e imágenes negativas. Imaginarnos conduciendo peligrosamente o llegando tarde a nuestro trabajo o saliendo de casa sin poder desayunar como esperamos, sólo conducen a amanecer con malestar, frustración y actitud negativa.
Conviene madrugar y desperezarse unos minutos antes, para empezar el día en un ambiente positivo, estando bien tranquilos y relajados.
Ayudaremos también a nuestra mente con respiraciones profundas y conscientes siempre que podamos, para liberar tensiones y estar bien oxigenados en todo momento.
El mejor desayuno es aquel a base de cereales integrales, ricos en hidratos de carbono de lenta asimilación y que nos permitirán mantener la energía durante la mañana. También es ideal a fruta, siempre que nos apetezca.

En todas y cada una de las comidas debemos tener mucho cuidado al masticar. Hacerlo conscientemente y hasta deshacer literalmente los alimentos. No solo ahorraremos gran parte de la mucha energía que consume nuestro cuerpo haciendo la digestión (es uno de los procesos biológicos que más energía de nuestras reservas consume), sino que además le estaremos proporcionando la mayor fuente natural de agua: La saliba, en una cantidad que se acerca a los 2 litros y medio al día siempre y cuando mastiquemos correctamente. Sumando a esto la cantidad de agua que bebemos y el agua que contienen los alimentos que consumimos, toda esa cantidad de agua hará que nuestro organismo este perfectamente hidratado en todo momento.
Debemos poder dar a cada comida un entorno agradable donde hacerlo, un lugar con pocos ruidos, tranquilo y acogedor. El verdadero valor nutricional de una comida esta en equilibrar el alimento con el sentimiento. Debemos ser capaces de disfrutar penamente de cada bocado que tomamos a la vez que estar agradecidos por ello.

Las cenas, en la medida de lo posible, deberán hacerse lo suficientemente antes de acostarnos y deberían ser más ligeras que las comidas, fundamentalmente porque el hígado trabaja con menor intensidad a medida que van pasando las horas del día y la digestión puede llevar más tiempo, y no es conveniente hacer la digestión cuando ya estamos dormidos, porque se descansa peor y a la mañana siguiente el cuerpo se levanta inevitablemente apagado.

Se recomienda dormir con la ventana abierta, tanto en verano como en invierno, y realizar respiraciones conscientes y profundas una vez nos disponemos a descansar. Resulta especialmente interesante realizar ejercicios de conciencia corporal (sentir el cuerpo). Un cuerpo bien relajado ayudará al cuerpo a reponerse del desgaste de toda su actividad diaria y le hará recuperar toda su energía.

Si fortalecemos nuestro cuerpo con estos hábitos, comiendo de la forma más simple y lo más natural posible, nuestra salud sentirá una notable diferencia.