inconsciente

All posts tagged inconsciente

 
la regla de los 2 minutos
 
La pereza y la falta de constancia son algunos de los mayores obstáculos que se nos presentan cada vez que pretendemos adquirir un nuevo hábito o intentamos realizar una tarea que no nos gusta. Siempre, en estos casos, el “ya lo haré más tarde” o “mejor empiezo mañana” se terminan conviertiendo en un más que probable “nunca”.
 
La procrastinación nos ataca subconscientemente cada vez que debemos aferrarnos a una disciplina, si pretendemos alcanzar aquellos objetivos que nos hemos propuesto. No importa si se trata de ser más productivo en el trabajo, hacer un poco de ejercicio cada día, aprender un nuevo idioma o mantener bonito nuestro jardín.
 
El ser humano es débil ante cualquier tentación y muchas veces nosotros mismos nos inventamos esas tentaciones que nos hacen sucumbir ante esos retos que quizá nos pudieran hacer mejores y más productivos en nuestras vidas.
 
Si fuéramos capaces de convertir un nuevo hábito o disciplina en algo más fácil de llevar a cabo, probablemente toda tentación que enfrentáramos se vería como una amenaza menor, o incluso dejaríamos de sentirnos amenazados.
 
La buena noticia es que, efectivamente, somos capaces de hacer todo eso más fácil.
David Allen, en su libro Organízate con eficacia (originalmente en inglés “Getting Things Done”), propone una idea muy simple pero muy efectiva: “La Regla de los 2 minutos”.
 
“Si la acción puede llevarse a cabo en menos de 2 minutos, hágala la primera vez que se le presente la oportunidad. Incluso en el caso de que el asunto no tenga alta prioridad, hágalo ahora si va a tener que acabar haciéndolo igualmente. La razón de ser la regla de los dos minutos es que constituye el límite temporal en el que archivar, planificar o programar una tarea ocupa más tiempo que llevarla a cabo en cuanto nos cae en las manos. En otras palabras, es el umbral de la eficiencia”.
 
¿Te acabas de acordar de que tienes que llamar a tu amigo para felicitarle por su cumpleaños? Pues bien, si te va a llevar menos de 2 minutos hacerlo, llámalo ahora mismo.
¿Tienes que poner una lavadora y no sabes en qué momento de la tarde hacerlo? Pues el mejor momento es ahora, mientras estás decidiendo cuándo.
¿Has recibido un correo de un compañero de trabajo que necesita una respuesta? Pues no esperes y respóndele ahora.
 
“Si la tarea no merece el trabajo de llevarla a cabo, deséchela. En caso de que sí valga la pena invertir tiempo, y teniendo en cuenta que antes o después acabará haciéndola igualmente, entra en juego el factor eficiencia”.
 
Esta regla fue inicialmente desarrollada para fines de productividad. Sin embargo, su fuerza es tal, que podemos aplicarla a muy diversos factores en nuestra vida, incluso a la hora de dar solidez y consistencia a esos nuevos hábitos que tanto nos cuesta mantener.
 
Probablemente ninguno de esos hábitos nos llevé sólo un par de minutos. Pero puesto que debemos ser conscientes de la dificultad (sobre todo psicológica) de empezar esa nueva tarea, debemos simplificarla en su primera etapa, de manera que no nos cueste tanto adquirir el nuevo hábito. Una vez nos hayamos hecho a ello, todo el proceso será mucho más sencillo.
 
¿Quieres aprender a cocinar pero no crees tener la disciplina necesaria para conseguirlo? Corta hoy una cebolla. Y mañana una patata. Nada de esto te llevará más que un par de minutos. En unas semanas te sentirás emocionado ante la posibilidad de preparar la primera cena a tu familia.
 
¿No eres capaz de sacar fuerzas para limpiar tu casa como es debido? Coge ahora mismo la escoba y barre simplemente el pasillo. Es una tarea que no te llevará ni 2 minutos. Si te habitúas a hacerlo cada día, pronto te verás limpiando los cristales de tus ventanas con total naturalidad.
 
¿No te sientes lo suficientemente motivado para ir a a fortalecer tu cuerpo al gimnasio? Cálzate tus zapatillas de deporte, sal a la calle y camina a paso ligero hasta la esquina. Sólo por el hecho de salir cada día solamente hasta la esquina, en pocos días habrás adquirido el nuevo hábito de salir a caminar y hacer ejercicio. Y antes de que tú mismo te dés cuenta, estarás caminando hasta el gimnasio con intención de fortalecer todo tu cuerpo.
 
De alguna manera, lo que hacemos es enfocarnos en el sistema, que es más importante que el objetivo en sí. Primero construimos los cimientos, adquiriendo el nuevo hábito y, una vez habituados a ello, lo vamos perfeccionando y adecuando a nuestras verdaderas necesidades y exigencias, con el fin de conseguir los resultados esperados.
 
Es posible que tengas algunas dudas sobre la eficiencia de esta idea. Pero teniendo en cuenta que sólo te llevará un par de minutos al día obtener la respuesta, merece la pena que lo intentes.
 
¿Aceptas el reto?
 
 

 
cómo crear buena suerte en tu vida
 
 
Decía Alex Rovira en su libro “La Buena Suerte”:

Crear Buena Suerte es preparar las circunstancias a la oportunidad.
Pero la oportunidad no es cuestión de suerte o azar: ¡siempre está ahí!

 
Una de las cosas que más le cuesta al ser humano entender respecto a su destino, es que depende en su inmensa mayoría de su actitud y de cómo afronta cada paso que le lleva hasta ese destino.
Hoy hemos querido venir con los que consideramos más importantes fundamentos a la hora de salir a buscar y a CREAR NUESTRA SUERTE.
 

Enfócate en aquello que deseas

En primer lugar y antes de todo, no podemos pretender alcanzar el éxito en cualquier aspecto de nuestra vida si vamos sin un rumbo bien establecido y dando palos al agua. Además de consumir nuestras energías, debemos tener siempre bien definido nuestro camino y todos y cada uno de los pasos que queremos dar. Podremos ir cambiando nuestra hoja de ruta sobre la marcha según se vayan modificando las circunstancias, pero debemos evitar en la medida de lo posible todo tipo de improvisación. Nuestra mente subconsciente se mostrará más activa y productiva si tenemos las cosas claras y nos ayudará a enfrentar los posibles obstáculos que se puedan presentar.
 

Sé perseverante

No tengas la menor duda de que la persistencia es una de las más importantes cualidades que van a marcar la diferencia entre lo que deseas y lo que realmente obtienes. Además, dado que será probable que aparezcan una serie de obstáculos en tu camino, tu perseverancia hará que te mantengas firme ante esos imprevistos.
 

Aporta valor

Realmente existen sólo dos opciones con respecto a este aspecto. O aportas valor, o restas valor. O haces las cosas eficientemente de manera que sean valoradas o estarás perdiendo tu tiempo y malgastando tus fuerzas.
 

Sorprende y déjate sorprender

Íntimamente relacionada con la idea de aportar valor a aquello que haces, busca cómo sorprender a la hora de dar cada paso al éxito. Y la mejor manera para ello es, sin duda, sorprenderte primero tú mism@. Haz que disfrutes con el proceso.
Cuando algo verdaderamente te importa, lo sientes más intensamente, y genera mayor poder de atracción y atención. Y no sólo para uno mismo, sino también para los demás.
Nuestro inconsciente trabaja de una manera un tanto especial. Y para hacerlo trabajar a su máxima potencia debemos conseguir sorprenderle. Es algo así como cuando te compras un coche nuevo que te gusta porque no está muy demandado y en cuanto lo has adquirido, ¡te encuentras ese mismo modelo por todas partes! O cuando te quedas embarazada y a los pocos días sientes que acaba de desatarse una epidemia de embarazadas…
No es que hayan cambiado las circunstancias en cuestión de días. Eso todo es sólo fruto de nuestro inconsciente sorprendiéndose…
 

Vive el cambio y disfruta de esa vivencia

Si además de sorprenderte, consigues disfrutar el proceso, tendrás la suerte de tu lado. Cuando disfrutas, cualquier esfuerzo parece menor y toda la maquinaria interna de nuestra mente se pone en funcionamiento a su máxima potencia. Haz que tu camino al éxito sea un bonito recuerdo el día de mañana.
 

“La mejor razón para fijar una meta es lo que recibes de ella al querer lograrla”

(Jim Rohn)


Decisión

No muestres dudas a la hora de salir en busca de tu suerte. Muestra decisión y una actitud positiva, y verás cómo la mayor parte de los obstáculos desaparecen. Para ello, debes tener bien claro el camino que debes seguir y mantenerte enfocado hacia él.
Además, al mostrarte decidido tu inconsciente, disfrutando y relajado, te irá mostrando a tu alrededor nuevas oportunidades que antes ni siquiera habías sido capaz de ver.
 

Simplifica

Ya hemos dicho en alguna otra ocasión que no somos superhéroes.
No quieras alcanzar más de lo que eres capaz de buenas a primeras. Todo llegará a su debido tiempo y necesitas un periodo de aclimatación.
Igual que un piloto de fórmula uno comienza su carrera con los Karting y la fórmula 3000, tus objetivos deberás alcanzarlos poquito a poco. Más pronto que tarde la suerte te irá llegando. Pero sé paciente, no vaya a ocurrirte lo del cuento de la lechera.
 
Por último, pero no por ello menos importante, confía en tus posibilidades y cree firmemente en ellas. Podrás encontrar una serie de obstáculos, pero no desistas. El universo, tu inconsciente o aquella fuerza natural en la que creas te hará encontrar el camino correcto a tus metas y a tu buena suerte.
 
El siguiente video de Elsa Punset en “El Hormiguero”explica un poquito cómo deberíamos actuar cada día en busca de nuestra particular buena suerte.
 
 


 
 

 
ley de parkinson Dilbert
 
Estrechamente ligada con la procrastinación o “la acción de postergar lo que uno debe hacer para dedicarse a otras actividades más triviales y apetecibles”, la Ley de Parkinson, formulada por Cyril Northcote Parkinson en 1957 es, junto con el Principio de Pareto (al que también dedicamos este otro artículo), una de las leyes fundamentales de la productividad.
 
Aplicada a prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida, esta ley establece que todo trabajo se expande hasta llenar el tiempo que se dispone para llevarlo a cabo.
 
Dicho en otras palabras, cuando sabemos que disponemos de tiempo suficiente para hacer las cosas, inconscientemente nuestro cerebro se relaja, encontramos distracciones o empezamos a dedicar más tiempo a otras cosas menos urgentes.
 
Por ende, el tiempo que dedicamos a cualquier asunto de nuestra vida tiende a ser inversamente proporcional a su importancia real.
 
Qué podemos hacer para evitar esta falta de productividad en nuestra vida?
 
 
1. En primer lugar debes considerar la idea de que no eres un superhéroe: hay que hacer las cosas de una en una. De lo contrario, intentando ser más productivo haciendo muchas cosas al mismo tiempo no harás ninguna de manera óptima.
 
2. Aprende a establecer prioridades. Saber decir NO resulta imprescindible. Habrá muchos temas que te van a robar mucho tiempo y no te conducen a ninguna parte. Céntrate en aquello verdaderamente importante.
 
3. Elabora tu mapa de ruta. haz listas de esas tareas importantes la víspera o a primera hora de la mañana. De esta manera tendrás presente en todo momento en qué aspectos y tareas concentrarte y no perderás el tiempo en aquellas cosas menos relevantes.
 
4. Divide las tareas en períodos de tiempo no superiores a 1 hora y prémiate por objetivos cada vez que tomes un descanso (tomándote una ducha relajante, preparando un delicioso postre, viendo un capítulo de tu serie favorita…). Pero sólo como premio a tus objetivos y al cumplimiento de esas tareas.
De esta manera conseguirás aprovechar más el tiempo que dediques a cada cosa y te resultará más gratificante.
 
5. Ponte fechas límite muy ajustadas. de manera inconsciente y natural, cuanto menos tiempo dispones, más se centra tu cerebro en lo verdaderamente importante, dejando de lado lo superfluo y menos relevante.
 
De esta manera, mejora la productividad, la concentración y lleva a disfrutar de todo aquella tarea llevada a cabo. Eso deriva, en último término, en un aumento de la autoestima y de la satisfacción personal, lo que alimenta nuevamente todo el proceso.
 
 
En lo que respecta a la Ley de Parkinson aplicada a la economía, esto también se refleja en el modo en que los gastos tienden a aumentar hasta cubrir los ingresos. Este es uno de los motivos por los cuales muchas personas, a pesar de encontrar mejores puestos de trabajo mejor remunerados, se encuentran una y otra vez con las mismas dificultades de dinero a final de mes.
 
El siguiente vídeo es un fragmento del programa de Redes titulado “Somos Predeciblemente Irracionales”, en el que Dan Ariely, catedrático de psicología y conductas económicas por el MIT, expone alguno de los fundamentos y consecuencias de la Ley de Parkinson y la procrastinación en nuestras vidas.
 
 


 
 

 
el pensamiento irracional
 
Los pensamientos irracionales son reacciones espontáneas y automáticas por parte de nuestro inconsciente, generalmente involuntarias, que dan lugar a mensajes y diálogos internos de enorme carga emocional, y que afectan en mayor o menor medida a nuestras decisiones ante todo aquello que nos rodea.
 
Forjados en su mayor parte desde la infancia, etapa de la vida en la que todavía no hemos desarrollado una capacidad de análisis solida, suelen estar estrechamente relacionados con viejos paradigmas y creencias heredadas.
 
No solo no nos hacen ningún bien, sino que la mayor parte de las veces condicionan nuestras mejores decisiones sin motivos coherentes.
 
A pesar de no ser fieles a la realidad, puesto que no son fruto de un acto de reflexión y análisis objetivos, tienen el increíble poder de ser creídas con facilidad, de exagerar la magnitud, importancia o consecuencias de las situaciones en las que se generan.
 
Fruto de un pensamiento irracional son esas frases que en alguna ocasión han bombardeado nuestra cabeza:
 
“No sirvo para nada”
“Jamás seré feliz si no tengo dinero”
“Seguro que le caigo mal a tu familia”
“Todo lo que estoy pasando es culpa de…”
“¿Y si la desgracia que está pasando él me llegara también a mí?”

 
 
El victimismo, la sobregeneralización o culpabilidad son términos tremendamente subjetivos, y son el foco de todos aquellos pensamientos que nos están haciendo daño.
 
 
¿Cómo podemos hacer frente a nuestro pensamiento irracional?
 
En primer lugar y, lo más importante de todo, debemos creer en nuestras posibilidades y confiar en nuestra intuición, enfrentándonos con decisión a esos miedos que provocan tales situaciones y pensamientos internos.
 
Debemos intentar desdramatizar. Hacer balance del pasado y examinar si algo parecido había ocurrido antes. ¿Qué consecuencias tuvo? ¿Realmente fue tan malo?
Hay que razonar y analizar las situaciones objetivamente. Valorar las distintas probabilidades de todo aquello que pueda derivar de nuestra decisión y ante todo, nunca adelantar acontecimientos.
Y es que, ya deberíamos saber que muy pocas veces las cosas pueden resultan tan negativas como nuestra mente es capaz de imaginar. La Ley de Murphy sólo existe en la medida que creamos en ella.
 

“El hombre no se ve distorsionado por los acontecimientos,
sino por la visión que tiene de ellos”
                                                                                                                                                                                                                                                              (Epicteto)
 
 

 
el síndrome del lucio
 
En un experimento llevado a cabo en una enorme acuario con una serie de lucios , que son unos peces carnívoros capaces de comer gran número de pequeños pececillos cada vez que abren la boca, un grupo de investigadores aislaron a uno de ellos a un lado de la pecera, separándolo del resto de peces, de los grandes y de los pequeños, por un cristal transparente.
 
Durante un tiempo, el lucio intentó comer algunos de aquellos peces que nadaban frente a él, pero cada vez que abría su boca, golpeaba contra aquel cristal y lo único que sentía era dolor.
 
Pronto, el lucio dejaría de intentar cazar siquiera.
 
Una vez que había desistido, los investigadores retiraron el cristal que dividía la pecera y le separaba de todos aquellos peces. Pero él, para entonces, había llegado a creer que era imposible comer peces, y a pesar de nadar junto a ellos, ni siquiera intentó abrir la boca para comer. Porque en su cerebro se había implantado una sensación de dolor cada vez que lo intentaba, y la creencia de que de esa manera no podría nunca comer.
 
De lo que el Lucio no se dio cuenta es de que él seguía actuando como si las condiciones en aquella pecera fueran las mismas, cuando en realidad, se habían producido ciertos cambios que quizá hubieran hecho posible que en el presente los mismos actos pudieran dar lugar a resultados diferentes. Pero el lucio no solo no lo intentó una vez más, sino que finalmente se dejó morir de hambre.
 
El ser humano, como aquel lucio, presenta una serie de conductas y pensamientos que en infinidad de ocasiones se establecen en base a experiencias pasadas. Nuestro miedo al cambio, o el miedo a salir de nuestras zonas de confort, nos impide tomar decisiones coherentes y nos aferramos a la imposibilidad de gran número de cosas, sólo por el hecho de que en el pasado los resultados hayan sido negativos en esos ámbitos, sin ni siquiera haber constatado que las condiciones que se dan, puedan o no ser las mismas que se dieran entonces.
 
Hoy en día, el hecho de que ciertas creencias, la mayor parte de las veces equivocadas, se arraiguen en nuestro cerebro y no seamos capaces de hacerles frente porque la historia nos hace creer que son imposibles, se conoce como el Síndrome del Lucio.
 
No nos damos cuenta de que a nuestro alrededor todo cambia. Incluso nosotros mismos cambiamos como consecuencia de las experiencias que tenemos en la vida. Por eso, antes de tomar por cierta cualquier repuesta a nuestros deseos, debemos tener en cuenta si las condiciones que se dan son las mismas que aquellas que nos impidieron alcanzar esos mismos deseos en el pasado.
Y es que, como el lucio, nosotros también dejamos pasar nuestras mejores oportunidades sin darnos cuenta de que muchos de aquellos cristales que nos separaban de nuestros objetivos, han desaparecido.
 
No queramos actuar como aquel lucio y rendirnos ante aquello que creemos conocer. Vivamos el cambio y avancemos tomando decisiones.
 
 

 
El Club de la Lucha
 
Título Original:
Fight Club
 
Director:
David Fincher
 
Intérpretes:
Edward Norton, Brad Pitt, Helena Bonham Carter
 
 
 
 
 
 
Adaptación al cine de la novela de Chuck Palhniuk, y que según su autor, estaba basada en hechos reales, “El Club de la Lucha” es una de esas películas que te atrapa y te mantiene en tensión desde el primer fotograma hasta el desenlace final, un desenlace totalmente inesperado que sin duda, sorprende a todo espectador.
 
La magnífica interpretación de sus protagonistas, Edward Norton, impecable, consiguiendo que el espectador se identifique con su personaje, y Brad Pitt, cuyos diálogos y críticas apuntan directamente a la sociedad actual, al consumismo y al conformismo, hacen de esta película mucho más que un filme de peleas y sangre que, si bien es un elemento constante, no es ni mucho menos el eje principal de la trama.
 
Una de esas películas imprescindibles, que sin duda nos hará pensar en el significado y el camino que estamos dando a nuestras vidas.
 
Para muchos, la obra maestra de David Fincher, incluso superior, si cabe, a la de “Seven”.
 
 


 
 

 
El Poder del Subconsciente, Creer es Poder
 
Nuestra mente tiene la capacidad de crear ideas que transmite a nuestro cuerpo y hace que éste último reaccione ante ellas, a pesar de no tratarse de realidades. Dicho de otra manera, podemos llegar a hacer creer a nuestro cuerpo cosas y situaciones que sólo imaginamos, si la fuerza en la que las pensamos es lo suficientemente grande.
 
Para ilustrar esta idea hemos querido traer hoy un ejercicio de meditación. Escúchalo y sigue las instrucciones durante los 5 minutos que te llevará aplicarlo. Es un ejercicio de imaginación que te demostrará la importancia de un pensamiento positivo, las ventajas de una visualización de nuestros deseos o metas, y de la reacción física y respuesta de nuestro cuerpo a dichos estímulos.
 
 
ESCUCHAR EJERCICIO DE SUGESTIÓN
(si lo prefieres, puedes descargarlo mientras se reproduce, con botón derecho sobre la tecla del reproductor, y guardando el archivo como…)
 
 
El significado de este ejercicio es bien simple: nuestros pensamientos ejercen un enorme poder para sugestionar nuestro inconsciente.
 
Nuestra mente gobierna nuestro cuerpo. Pero nosotros, con nuestros pensamientos, somos capaces de influir y gobernar sobre nuestra parte subconsciente.
 
Del mismo modo, adoptando una mentalidad positiva, influiremos positivamente en los medios que nuestro inconsciente decida poner a nuestro alcance.
 
 

 
Creemos lo que Sentimos. La Realidad Relativa y la Parábola de la Caverna de Platón
 
Uno de los textos más famosos de Platón narra la Alegoría de una Caverna, donde se encuentran unos prisioneros, que desde niños han permanecido encerrados sin haber conocido nada excepto ese lugar. Encadenados e inmóviles, solo pueden mirar a la pared que tienen enfrente.
 
En esa pared, se proyectan las sombras de una serie de objetos y figuras que se suceden en un camino detrás de ellos, fuera de su ángulo de visión, y que son iluminadas por la luz de una hoguera situada todavía más atrás. Esas sombras, junto con el sonido del eco de la caverna, es todo lo que perciben. Para ellos, esa es la única Realidad.
 
Platón imagina a uno de los prisioneros soltando sus cadenas y alcanzando la salida, que le lleva a un mundo totalmente desconocido para él. Un mundo cuya luz le ciega y le duele, y cuyo desconocimiento absoluto le incomoda. Un nuevo mundo doloroso al principio, al cual le costará acomodarse y donde irá consiguiendo identificar paulatinamente la noche, las sombras, los reflejos, las luces, los brillos y los matices. Y descubrirá, finalmente, que aquello que creía la realidad no era sino resultado de aquella figura que se erige por encima de todo: el Sol.
 
Habiendo conocido y comprendido la Verdad, el hombre decide regresar a la cueva a informar a los otros prisioneros. Alentar de la mentira en la que viven, donde no conocen la brisa del mar, el sonido de la lluvia, el aroma del campo o la sensación de caminar. Donde solo existen los ecos y las sombras de un mundo desconocido que tienen ahí fuera, un poquito más allá de sus cadenas, que ni siquiera saben que pueda existir.
 
Intentará hacerles comprender la realidad, y el error y la mentira en la que viven encerrados.
 
Sin embargo, desacostumbrado su cuerpo y su mente a la vuelta a la oscuridad, los otros prisioneros percibirán en él la pérdida de facultades y convencidos de poseer la verdad, advertirán del error de haber pretendido salir de la caverna, que le ha estropeado los ojos, que ya no son capaces de reconocer como antes las sombras o los sonidos en eco y que, en definitiva, es lo más sensato y lo mejor quedarse dentro de la caverna.
 
El prisionero liberado, convencido de la verdad, intentará soltar las cadenas de sus compañeros para que ellos mismos puedan desengañarse experimentando la realidad del Mundo. Pero ellos, convencidos de que eso no hará sino empeorar su bienestar, intentarán evitar su liberación, llegando al extremo de acabar con la vida de su compañero.
 
Independientemente del sentido final metafísico que se le atribuye a este texto de Platón, donde en última instancia se identifica al Sol con la idea del Bien y la única manera de alcanzar la verdad es a través del mundo de la filosofía, lo que no deja de ser cierto es que, en un plano más directo, nuestras creencias, vivencias y pensamientos condicionan nuestra realidad:
 
1 – El miedo y la negación al sacrificio nos impide actuar de una manera correcta en multitud de ocasiones,
 
2 – La única manera de soltarnos de nuestras cadenas imaginarias, cualesquiera que sean, es abriendo las puertas a nuestra mente,
 
3 – Y en definitiva, no vemos las cosas como son, sino simplemente como las sentimos, creando nuestra propia realidad personal, subjetiva y creada por nosotros mismos.
 
 
En los últimos años, películas como “Matrix” (sobre todo la primera de la trilogía) o “El Show de Truman”, juegan con la parábola de la Caverna, y nos muestran cómo el ser humano puede llegar a creer y crear su propia realidad alternativa, a veces, muy alejada de la Verdad, y cómo es posible imponer creencias y pensamientos erróneos en la mente humana cuando se provocan deficiencias o alteraciones en su entorno, a través de cualquier mecanismo de manipulación mental y física.
 
Hoy en día, esas alteraciones se nos presentan en todo momento. Pueden ser esos viejos paradigmas mentales que se nos han inculcado desde pequeños, o pueden ser las opiniones personales de la gente que nos rodea. Pero el ejemplo más claro y más poderosamente peligroso lo tenemos en la televisión y en los medios, que es donde se nos proyectan y observamos las sombras de la realidad, como si se tratara de la pared de la caverna, y donde se juega, sin escrúpulos, a manipular nuestras creencias y pensamientos.
 


 
 
En el siguiente artículo hablamos sobre la fuerza negativa que pueden llegar a tener algunos antiguos paradigmas y falsas creencias limitantes en nuestros resultados en la vida: “Lo Imposible no Existe, es sólo una Barrera Mental”. Esperamos pueda ayudarte a desprenderte de ellos.
 

 

 
La Incubación de Sueños, la Manera más Eficaz de Consultar con la Almohada
 
 

“Dormir es la Mejor Manera de Meditar”
                                                                                                    (Dalai Lama)
 
 
Nuestros sueños pueden ser el camino a la formación de nuevas ideas o proyectos, a la resolución de nuestras dudas o nuestros problemas o a la recreación de nuestros recuerdos.
 
Se denomina Incubación de Sueños y consiste en una técnica que debe ser practicada e “incubada” durante un período de tiempo no menor a 20-30 días, de modo que nuestro inconsciente se acomode a la práctica y comience a ser verdaderamente efectiva una vez lo hayamos convertido en un hábito.
 
No es más que, por decirlo de alguna manera, “plantar una semilla en nuestra mente” y aprovechar el periodo de sueño para que nuestro inconsciente trabaje y haga florecer esa semilla.
 
Justo antes de dormir debemos concentrarnos en la situación, la persona, la idea que nos preocupa y a la cual pretendemos encontrar respuesta. Debemos comenzar con ideas o imágenes sencillas, preguntas simples y concretas. Al ser una práctica nueva debemos facilitar la tarea en los primeros intentos: si pretendemos evaluar una relación con una persona bastará con tener una imagen de esa persona en nuestra mesita de noche y grabar esa imagen en el momento de disponernos a dormir; si se trata de un nuevo proyecto, la imagen de un plano o una idea que tengamos en la cabeza puede ser esa semilla que necesitamos para que el proceso se vaya gestando durante el sueño. Es tan sencillo como llevarnos ese último pensamiento a la cama con nosotros, bien claro y bien nítido y bien real. Inicialmente deberíamos ser concretos para facilitar el trabajo a nuestro inconsciente. Pero con la práctica podremos trabajar cualquier tipo de ideas, preguntas o situaciones más o menos complicadas…
 
Es una técnica muy efectiva. Al principio no obtendrá los mejores resultados, pero nuestro inconsciente, una vez lo hayamos adquirido como hábito, lo irá perfeccionando hasta límites increíbles.
 
De hecho, es una técnica que se ha venido practicando con enorme éxito desde las más antiguas civilizaciones. Solo requiere un poco de fe y constancia para obtener los mejores resultados.
 
La técnica es así de sencilla. Una vez vayamos a disponernos a dormir, visualizamos la imagen, la idea, la situación a la cual queremos dedicar nuestros sueños. Debemos ser capaces de visualizarlo como si fuera real, y sentirlo como si realmente fuera real. Hecho esto solo queda cerrar los ojos y dormir. A partir de este momento el inconsciente hará que ello vuelva a venir a nuestra mente y comience a trabajar una vez estemos dormidos.

Y una vez despertemos, debemos anotar todos y cada uno de los detalles e ideas que nos vengan a la cabeza en relación al sueño. Debemos hacerlo nada más despertar. Se recomienda hacerlo incluso con la luz apagada, y antes de incorporarse siquiera, ya que muchas veces los sueños comienzan a olvidarse nada más comenzamos a distraernos.
 
Si no recordamos el sueño, analizaremos nuestro estado de ánimo o estado físico. Si nos hemos despertado relajados o agotados, con molestias en la espalda, dolor de cabeza, etc. Muchas veces, el simple hecho de analizar nuestro estado físico o emocional, hace que los recuerdos de la noche emerjan rápidamente a nuestra mente consciente.
 
Y ahora sólo queda analizar los resultados. Las ideas y soluciones han surgido (o irán surgiendo). Algunas será mejores o peores, algunas serán desechables y prescindibles, pero otras llegarán a ser valiosas aportaciones. Y si vuelven a surgir nuevas dudas, podemos volver a repetir el proceso una vez más y cuantas veces sea necesario, antes de disponernos a dormir cada noche. Merece la pena intentarlo.
 
 

 
Las cuatro etapas en el desarrollo de nuevos hábitos
 
Cada hábito del ser humano, como animal capaz de aprender a lo largo de su vida, pasa por una serie de etapas desde el momento que realiza por primera vez cierta disciplina o tarea hasta que acaba conviertiéndola inconscientemente en parte habitual de su rutina.
 
A todos nos pareció realmente complicado por ejemplo, aprender a montar en bici la primera vez. Poco a poco, aquella tarea parecía cada vez un poco menos imposible, sólo teníamos que ser capaces de coger cierta velocidad y mantener la bici lo suficientemente recta. Finalmente, sin necesidad de estar pendiente en cómo controláramos la bici, llegamos no sólo a mantenernos sobre ella, sino también a utilizarla como excelente medio de transporte.
 
Lo mismo podría ocurrir con nuestra primera clase de piano, nuestro primer contacto con los bailes de salón, nuestra primera clase de matemáticas avanzadas en la escuela, o nuestro primer cambio de pañales a nuestro hijo, por poner solo unos ejemplos. Todas aquellas tareas que implican un aprendizaje, pueden resultar realmente difíciles en los inicios, pero se acaban convirtiendo en parte de nuestras rutinas si las realizamos habitualmente.
 
El desarrollo de todo nuevo hábito pasa por un proceso de 4 fases:
 
1. INCONSCIENTE E INEXPERTO:
Es ese momento en el que ni siquiera conoces la rutina en cuestión. Por ejemplo, es ese primer día que te ofrecen la bicicleta. Absolutamente todo en el proceso es nuevo para ti. No sabes ni cómo subirte en ella, ni la necesidad de pedalear, ni la manera como gira. A lo mejor, incluso puede que sea la primera vez que hayas visto una bicicleta.
 
2. CONSCIENTE E INEXPERTO:
Son tus primeros contactos con esa bici. Debes pensar constantemente en cada una de las partes importantes del proceso de andar en ella. Debes ser consciente de mantener el pedaleo, de no perder la verticalidad, de tener cuidado de no girar demasiado el manillar… Es la etapa más difícil del proceso, pues implica estar pensando al mismo tiempo en aplicar adecuadamente todos esos datos, a la vez tan complejos para una persona que difícilmente puede preocuparse de mantenerse en posición correcta. En esta fase, el hábito todavía te resulta un tanto antinatural, raro e intimidatorio.
 
3.CONSCIENTE Y EXPERIMENTADO:
El proceso se vuelve mucho más natural. Aquello que en los inicios pareciera extraño o incluso imposible, ahora sientes más propio para ti. Ya has aprendido a leer correctamente, andar en bici, tocar la guitarra, escribir al ordenador prácticamente sin mirar al teclado, o has aprendido a ir al baño y ya no necesitas llevar pañales… ya eres capaz de hacer conscientemente todo aquello que parecía tan difícil, y cada vez te sientes más a gusto con este nuevo hábito.
 
4. INCONSCIENTE Y EXPERTO:
Es ese momento en el que te sientas ante el piano y surge la música inconscientemente, sin necesidad de pensar en dónde colocar tus dedos; es cuando caminar, correr, nadar, andar en bici se han convertido en un proceso totalmente natural. No somos conscientes de ello, no los realizamos conscientemente y, sin embargo, los realizamos correctamente. Quién podría decir que todos aquellos nuevos hábitos, aparentemente tan imposibles, pudieran llegar a ser parte tan inconsciente de nuestra vida…
 
Sirva como ejemplo motivador Michael Jordan, para muchos el mayor jugador de baloncesto de todos los tiempos. Un verdadero mito, 6 veces campeón de la NBA, 2 veces campeón olímpico y galardonado con el premio al mejor atleta del siglo XX, entre otros muchos galardones que, aunque pueda parecer mentira, saltó por primera vez a la cancha sin siquiera saber botar un balón, con la necesidad de contar sus pasos y de pensar en botar constantemente la pelota. El hecho de jugar al basket, en su primera vez, debió de ser algo totalmente antinatural e incluso un tanto incómodo para él. Realmente no tenía idea de cómo debía hacerlo. Y sin embargo, tras hacer de aquello un hábito, no solo acabó dominándolo, sino que acabó llevándolo a su nivel más superior: El de “milagro”. Los comentaristas deportivos siempre decían que parecía que jugara de una manera inconsciente. Y la verdad es que, cuando realmente lo sintió tan natural a su persona, se convirtió en un hábito totalmente inconsciente…
 
Personalmente, y con ejemplos como el suyo, nunca me cansaré de admirar la grandeza del ser humano…
 
“Solo hay una persona capaz de hacer frente a Michael Jordan, y ese es Michael Jordan”
 
Aquí te dejamos una pizca de ese milagro, el milagro de un hombre que, como tú o como yo, comenzó un primer día con una rutina que le pareciera totalmente antinatural e imposible… Un hombre que aún seguía batiendo records a los 40 años, que dominó el arte de volar en una cancha, y que supo emocionar, y aun hoy emociona, a todo el mundo del baloncesto…