Marie Curie

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Marie Curie
También conocida como Marie Curie (1867 – 1934),  polaca de nacimiento y nacionalizada francesa cuando se trasladó a Paris en 1891a la edad de 24, figura en los avales de la  Historia por ser la primera persona en recibir dos premios Nobel, además de haber sido la primera mujer profesora en la Universidad de París.

La suya no fue una infancia nada fácil.
Siendo la menor de cinco hermanos, Marie, todavía niña, perdió a su hermana Zofia como consecuencia del tifus. Y sin haberse repuesto de aquel duro golpe, perdería a su madre dos años más tarde, a causa de una tuberculosis.  Estos acontecimientos provocaron que durante el resto de su vida, Marie se desligara de la religión católica y se declarara agnóstica.

Por si fuera poco, en aquellos tiempos, casi toda Polonia estaba tomada por Rusia, y todo el territorio estaba controlado bajo su lengua y sus costumbres. En los primeros años de Marie, sus estudios hubieron de desarrollarse en escuelas clandestinas, donde se enseñaba, sobre todo, la cultura polaca.
Aquellas dificultades hicieron que valorara y agradeciera aquella oportunidad que la vida le daba. El mero hecho de tener la fortuna de poder acceder a aquella educación, movió a Marie a aprovecharla al máximo. A los 4 años, ya era capaz de leer perfectamente, y siempre fue la primera de su clase, donde además supo contagiar el entusiasmo por el trabajo bien hecho a todos sus compañeros. Cuando finalmente consiguió graduarse en Física, decidió continuar sus estudios en la facultad de Ciencias Matemáticas y Naturales en Francia.

A pesar de tener aptitudes, y una importante base intelectual y cultural (en aquella etapa ya era capaz de hablar polaco, ruso, alemán y francés), Marie tuvo que esforzarse más que nunca para poder estar al nivel Universitario, y ampliar rápidamente sus conocimientos sobre el francés, las matemáticas y la física.

Pero aquello no fue ningún impedimento para que dos años más tarde consiguiera la licenciatura de Física obteniendo el primer puesto de su promoción. Y al año siguiente, también la de Matemáticas, siendo la segunda de su promoción. Fue aquí donde conoció a  Pierre Curie, con quien contraería matrimonio en 1894, y quien le ayudaría en la obtención de su Doctorado, el siguiente reto en su vida.  Hasta aquella fecha, solo una mujer en la historia había logrado doctorarse: la alemana Elsa Neumann. Ser pionera en todo lo que se proponía le animaba a seguir luchando.

Centrándose en los trabajos de Wilhelm Röntgen  sobre los recién descubiertos Rayos X, y los avances que Henri Becquerel hiciera posteriormente sobre los mismos y la importancia en ese proceso de las sales de uranio, Marie, con la ayuda de Pierre y del propio Becquerel, decidió investigar la naturaleza de las radiaciones que producían aquellas sales.
Aquel trabajo, titulado “investigaciones sobre sustancias radiactivas” le supuso el doctorado en Física y la mención Cum laude, y el premio Nobel de Física, premio que compartieron los tres.

Su etapa como investigadora acababa de comenzar y Marie siguió estudiando el mundo de la radiactividad y descubriendo elementos nuevos como el polonio (término que quiso acuñar en honor a su país nativo para atraer la atención hacia su pérdida de independencia, y que sería el primer elemento que tomaría su nombre por razones políticas), y el radio, que tomó ese nombre por su enorme radiactividad.

Durante algunos años, tuvo el incondicional apoyo de su marido, que pasaba con ella las interminables horas en un pequeño cobertizo que utilizaban como laboratorio. Pero  tras la trágica muerte de Pierre, (atropellado y aplastado por un carruaje en 1906), Marie tuvo que continuar sóla, hecho que no le impidió asumir  la cátedra de Física que le había sido otorgada a él dos años antes.
Marie sería la primera mujer que daría clases en la Universidad.

Y en 1911, después de demostrar al mundo que se podía obtener un gramo de radio puro, la ciencia le concedió el Premio Nobel de Química, esta vez en solitario. Una vez más, Marie Curie volvería a ser pionera. Esta vez, sería la primera persona a la que se le concedieran dos Premios Nobel en dos campos diferentes.

Pero lo más admirable de aquella persona fue su altruismo y actitud desinteresada. Nunca patentó ninguno de sus descubrimientos, dejando abierta toda investigación para la comunidad científica, y donó la mayor parte de sus premios a la ciencia y a diferentes Institutos.

Pero a pesar de sus logros académicos y científicos, la vida de Marie sufrió varios reveses. Y los problemas de salud fueron habituales. Temporadas de enorme fatiga, quemaduras e insoportables llagas, fueron la primera consecuencia a aquellas altas exposiciones a la radiación a la que se vió expuesta. Incluso sufrió un aborto, probablemente provocado por esa misma radiactividad, de la cual, entonces no se conocían sus devastadores efectos secundarios. Y finalmente murió ciega, el 4 de julio de 1934, a causa de una anemia aplástica.

Hoy en día, y desde el 20 de abril de 1995, sus restos descansan en el Panteón de París. Fue el entonces Presidente de la República Francois Mitterand, quien se encargó de la ceremonia. Y en su discurso, destacó que “Marie fue la primera mujer francesa en ser doctora en Ciencias, en profesar en la Sorbona, y también en recibir un premio Nobel, pero lo es nuevamente ahora al reposar en el famoso Panteón por sus propios méritos.” Un último logro que, a dia de hoy, todavía no le ha sido arrebatado.