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Bob Marley, la Leyanda de un Líder de Masas
 
Robert Nesta Marley Booker, más conocido como Bob Marley, nació el 6 de febrero de 1945, en Nine Mile, una pequeña localidad al norte de Jamaica.
 
De padre blanco y madre negra, sus primeros años estuvieron marcados por constantes burlas y el desprecio del pueblo negro jamaicano, debido a su condición de mestizo.
 
Bob creció con su madre, Cedella Booker, en Trench Town, uno de los barrios más pobres de Kingston, la capital jamaicana. Su padre, capitán de la marina británica, ayudaba económicamente a su mujer y a su hijo. Pero debido a sus constantes viajes y a los prejuicios de aquellos tiempos, la familia materna siempre lo presionó a mantenerse lejos de madre e hijo. Bob no tuvo prácticamente ningún contacto con su progenitor, que murió cuando él solo tenía 10 años, y con el tiempo fue perdiendo sus raíces blancas para desarrollar exclusivamente las raíces negras.
 
Viviendo su infancia en Trench Town, conocería a Bunny Wailer y Peter Tosh, otros niños de su edad. Ellos dos se convertirían en sus grandes amigos. Con ellos pasó la mayor parte de su infancia jugando al fútbol y tocando la guitarra en las calles del barrio. Y con ellos acabaría formando su primera banda, una banda cuyas letras reflejaban los problemas sociales de la época: los Wailing Wailers, un nombre muy apropiado teniendo en cuenta que su traducción viene a ser algo así como “Gritos de Protesta”.
 
Habiendo ya cosechado cierto éxito local con la banda, Marley tuvo ocasión de emigrar a los Estados Unidos, donde su madre acababa de contraer matrimonio. Ella deseaba que Bob cambiara de aires y pudiera empezar en Norteamérica una nueva vida. Bob acababa de casarse con Rita Andserson en Jamaica. No obstante, no dudó en marcharse con su madre.
 
Después de una breve estancia de nueve meses en Delaware con su madre, Marley aprovechó la visita a Jamaica del emperador de Etiopía, Halle Selassie, para volver a sus tierras. Aquella visita del emperador supuso la propagación de sus ideas y de un nuevo movimiento Rastafari que los Waiing Wailers y el propio Bob, pronto adoptarían como parte de su seña personal.
 
Para entonces, musicalmente iban siendo cada vez un poco más famosos, pero al mismo tiempo, los Wailers se veían más pobres.
 
Al comienzo de los 70s, uno de los mayores productores de Island Records les dio la oportunidad de grabar un disco. De ahí saldría a la luz “Catch a Fire”, que acabaría convirtiéndose en el billete al reconocimiento mundial, con las primeras giras por EEUU y Europa. Marley ya empezaba a ser un ídolo de masas y, tras el abandono de Bunny y Tosh, la banda pasaría a llamarse la “Bob Marley an the Wailers”.
 
El broche final a aquella época llegaría con el éxito rotundo en Londres, con un lleno absoluto del teatro Lyceum y un disco grabado en directo, que ha sido considerado como uno de los mejores discos del mundo.
 
Pero aquel éxito profesional chocaba con la situación política y social que vivía Jamaica, situación por la que Marley siempre estuvo preocupado. Bob siempre se consideró un pacifista que hacía música para promover la paz.
 
Pero en sus deseos de paz estuvo involucrado en los asuntos sociales del país hasta el punto de verse envuelto en un intento de asesinato por considerarlo partidario del partido del Primer Ministro.
 
Sólo dos días después de aquel incidente, y todavía con heridas de bala en brazo y pecho, Bob Marley and The Wailers ofrecieron un concierto gratuito por la paz.
 
Cuando su carrera estaba en lo más alto, sus conciertos llenaban estadios para 100.000 personas y la figura de Marley era venerada por todo su pueblo porque veían en él su camino a la libertad, a finales de 1980 un cáncer empezó a devorarlo poquito a poco, haciendo metástasis en pulmones y cerebro.
 
Aún estando muy débil, todavía tuvo el coraje de ofrecer un multitudinario último concierto de despedida antes de ingresar en una clínica especializada de Alemania donde poco se pudo hacer por él.
 
Después de 8 meses luchando contra ello, pidió que le trasladaran a Jamaica.
 
Bob Marley falleció el 11 de mayo de 1981 en un hospital de Miami, después de un empeoramiento de sus funciones vitales en el viaje de avión a su casa. Tenía 36 años.
 
Recibió un funeral de estado al que asistieron cientos de miles de personas y las figuras más importantes de Jamaica. Entre ellos, el primer ministro.
 
Más allá del ámbito musical o de la fama de mujeriego que su viuda y otras mujeres sostienen que tenía (se le atribuyen 11 hijos de 7 mujeres diferentes), la leyenda y el liderazgo de Bob Marley perduran hoy en día. Más allá de ser Embajador universal de Jamaica, lo cual ya es un honor para un país, logró crear con sus ritmos y sus letras y con su disposición ante la vida, un vínculo entre los diferentes grupos políticos y sociales. Frenó la violencia y promovió la Paz allá por donde paró. Las Naciones Unidas le concedieron la Medalla de la Paz y su banda fue invitada oficialmente por el Gobierno de Zimbabue para tocar en la ceremonia de su Independencia como nación. Una independencia por la que Bob también había estado luchando.
 
Figura y representante mundial del movimiento rastafari, Bob Marley sigue y seguirá siendo siendo un verdadero líder y ejemplo para muchos.
 
 

 

la música como terapia

 

Diversos estudios científicos han venido a demostrar en los últimos años que la música posee ciertas propiedades terapeúticas para todas aquellas personas que la escuchan. Y es que, aunque no seamos conscientes de ello, lo que sí es cierto es que desde que nacemos, la música está presente con nosotros desde el primer momento. Ciertas cadencias, la repetición de ciertos ritmos, o la utilización de patrones musicales, son el primer contacto de un bebé con el lenguaje verbal y es en eso en lo que se basa su capacidad de entendimiento.

Además de esto, nuestro cerebro trabaja de similar  manera el procesamiento del lenguaje verbal que la interpretación musical, sobre todo la instrumental, y cuando estamos escuchando algunas determinadas composiciones musicales, esta maquinaria desarrolla una mayor actividad en esa área que tenemos reservada para el lenguaje verbal. Es por eso que médicos y psicólogos se ponen de acuerdo y recomiendan una educación musical para niños con dislexias o autismo como ayuda para mejorar su lenguaje y en general, algunas de sus limitaciones.

Se ha demostrado que personas que han padecido accidentes cerebrovasculares y que han perdido la capacidad del habla, pueden llegar a comunicarse “cantando” las palabras. Es lo que se denomina Terapia de Entonación Melódica. El Doctor Gottfried Schlaug, Profesor de Neurologia en la Universidad de Harvard, asegura que “hacer música es una experiencia multisensorial, que activa vínculos a diversas partes del cerebro”. Cuando nuestro cerebro tiene problemas para realizar alguna de sus funciones, la música hace que pueda ser posible la realización de esas funciones buscando un camino alternativo.

Pero sin irnos al extremo de los accidentes cerebrovasculares, lo que no cabe lugar a dudas es que determinados tipos de música poseen propiedades terapeúticas:
Desarrollan nuestra capacidad  intelectual y creativa.
Estimulan nuestra mente.
Proporcionan un ambiente de paz y tranquilidad.

El Doctor Alfred Tomatis, autor del proyecto científico que se ha llamado “El Efecto Mozart”, dice que

“la música es una necesidad. Favorece la cristalización de diferentes estructuras funcionales del sistema nervioso. Facilita la producción de energía ligada al estímulo del cerebro, indispensable para pensar. Preexiste al lenguaje. Toma a cargo el cuerpo. De ella nacen los ritmos y las entonaciones inherentes a los procesos linguísticos.”

Sus estudios, se centran exclusivamente en la extensa obra de Wolgfran Amadeus Mozart. Los tiempos, las tonalidades o la textura de su música es la que la hace especial. No porque pueda ser más o menos bonita, sino porque parece la más apropiada como terapia.

Si nos remontamos a su vida por encima de su obra, Mozart nació en una familia muy ligada a la música. De padres músicos, sintió la música antes incluso de haber siquiera nacido y durante toda su existencia estuvo vinculado a ella. Un ejemplo llamativo a la vez que sorprendente es que en toda su obra, un detalle le ha caracterizado como su sello personal. Una modulación de 120 pulsaciones por minuto, en batidos de 1 por cada 0,5 segundos. Algo así como su “respiración musical”. Mozart respiraba música, sentía música y transmitía música en el mayor sentido de la palabra. Música que no se creaba sino que parecía nacer allí mismo.

Por eso, suelen ser sus composiciones las más apropiadas en la utilización de la música como terapia.

Pero, sin intención de profundizar en temas casi místicos, o ideas oportunistas y estrategias de marketing que puedan tener más o menos hechos comprobados, lo que sí es cierto es que toda música hace bien a nuestro cerebro. Y más aun la música clásica. Por su gran diversidad, o la complejidad de armonías, tonos, tempos, etc, requieren una atención especial por parte del receptor. Llegar a comprender la música clásica requiere de cierta actividad intelectual y toda esta actividad acaba creando fuertes  conexiones neuronales que favorecen el pleno desarrollo del cerebro de todo individuo.

Si te interesa,  desde el siguiente Link  podrás descargar varias horas de música distribuída en varias etapas de acuerdo a las características y propiedades del Efecto Mozart.

El Efecto Mozart y sus etapas