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el pensamiento irracional
 
Los pensamientos irracionales son reacciones espontáneas y automáticas por parte de nuestro inconsciente, generalmente involuntarias, que dan lugar a mensajes y diálogos internos de enorme carga emocional, y que afectan en mayor o menor medida a nuestras decisiones ante todo aquello que nos rodea.
 
Forjados en su mayor parte desde la infancia, etapa de la vida en la que todavía no hemos desarrollado una capacidad de análisis solida, suelen estar estrechamente relacionados con viejos paradigmas y creencias heredadas.
 
No solo no nos hacen ningún bien, sino que la mayor parte de las veces condicionan nuestras mejores decisiones sin motivos coherentes.
 
A pesar de no ser fieles a la realidad, puesto que no son fruto de un acto de reflexión y análisis objetivos, tienen el increíble poder de ser creídas con facilidad, de exagerar la magnitud, importancia o consecuencias de las situaciones en las que se generan.
 
Fruto de un pensamiento irracional son esas frases que en alguna ocasión han bombardeado nuestra cabeza:
 
“No sirvo para nada”
“Jamás seré feliz si no tengo dinero”
“Seguro que le caigo mal a tu familia”
“Todo lo que estoy pasando es culpa de…”
“¿Y si la desgracia que está pasando él me llegara también a mí?”

 
 
El victimismo, la sobregeneralización o culpabilidad son términos tremendamente subjetivos, y son el foco de todos aquellos pensamientos que nos están haciendo daño.
 
 
¿Cómo podemos hacer frente a nuestro pensamiento irracional?
 
En primer lugar y, lo más importante de todo, debemos creer en nuestras posibilidades y confiar en nuestra intuición, enfrentándonos con decisión a esos miedos que provocan tales situaciones y pensamientos internos.
 
Debemos intentar desdramatizar. Hacer balance del pasado y examinar si algo parecido había ocurrido antes. ¿Qué consecuencias tuvo? ¿Realmente fue tan malo?
Hay que razonar y analizar las situaciones objetivamente. Valorar las distintas probabilidades de todo aquello que pueda derivar de nuestra decisión y ante todo, nunca adelantar acontecimientos.
Y es que, ya deberíamos saber que muy pocas veces las cosas pueden resultan tan negativas como nuestra mente es capaz de imaginar. La Ley de Murphy sólo existe en la medida que creamos en ella.
 

“El hombre no se ve distorsionado por los acontecimientos,
sino por la visión que tiene de ellos”
                                                                                                                                                                                                                                                              (Epicteto)
 
 

 
matrix el miedo al cambio y la realidad relativa
 
Título Original:
The Matrix
 
Director:
Andy y Lana Wachowski
 
Intérpretes:
Keanu Reeves, Laurence Fishburne, Carrie-Anne Moss, Hugo Weaving
 
 
 
 
 
 
Finales del siglo XXII. La Tierra ha sido devastada y la inteligencia artificial gobierna el mundo. Los seres humanos somos cultivados físicamente, y solo servimos para proporcionar alimento y energía a las máquinas.
 
Durante el desarrollo y crecimiento de nuestros cuerpos en sus campos de cultivo, nuestras mentes son conectadas a un mundo de simulación alternativa o realidad virtual llamado Matrix. Aparentemente, todo nos parece la vida que conocemos hoy, gente que va a trabajar, gente que se enamora, gente que nace, gente que muere, días de sol y días de lluvia. Y sin embargo, todo es producto de un programa informático y somos parte de una ilusión colectiva.
 
Solo un grupo en la resistencia, liderado por Morpheo, conoce la verdad. Y buscarán al Elegido para poder liberar al mundo de la Matrix.
 


 
 
Para muchos, la trilogía Matrix, podría tratarse, junto con El Show de Truman” de la versión moderna del Mito de la Caverna de Platón, y del que hablamos también en el    Artículo sobre la Realidad Relativa.
 
 
Por último, merece la pena destacar algunas frases de la cinta que son las que nos muestran el verdadero sentido de esta historia:
 
 
“Matrix nos rodea. Está por todas partes. Incluso ahora en esta misma habitación. Puedes verla si miras por la ventana. O al encender la televisión. Puedes sentirla cuando vas a trabajar, cuando vas a la iglesia o cuando pagas tus impuestos. Es el mundo que ha sido puesto ante tus ojos para ocultarte la verdad: Que eres un esclavo. Igual que los demás, naciste en cautiverio. Naciste en una prisión que no puedes ni saborear, ni oler, ni tocar. Una prisión para tu mente”
 
“Intento liberar tu mente. Pero yo solo puedo mostrarte la puerta. Eres tu quien la tiene que atravesar”
 
“Tienes que entender que la mayoría de ellos no están preparados para ser desactivados. Y muchos están tan habituados, dependen tanto del sistema que lucharían para protegerla”
 
“No intentes doblar la cuchara. Eso es imposible. En vez de eso solo procura comprender la verdad. Que no hay cuchara. Si lo hacer, verás que no es la cuchara la que se dobla, sino Tú mismo”
 
“Es la pregunta la que nos impulsa, Neo. Es la pregunta la que te ha traído aquí”
 
“Confía en mí. Ya has estado allí. Conoces ese camino, sabes exactamente dónde acaba. Y yo sé que no es donde quieres estar”
 
 
En definitiva, nada es lo que es, sino que todo es como nosotros lo percibimos. Y que en última instancia, somos nosotros los que creamos nuestra propia realidad con nuestras creencias y pensamientos.
 
 
 

 
Creemos lo que Sentimos. La Realidad Relativa y la Parábola de la Caverna de Platón
 
Uno de los textos más famosos de Platón narra la Alegoría de una Caverna, donde se encuentran unos prisioneros, que desde niños han permanecido encerrados sin haber conocido nada excepto ese lugar. Encadenados e inmóviles, solo pueden mirar a la pared que tienen enfrente.
 
En esa pared, se proyectan las sombras de una serie de objetos y figuras que se suceden en un camino detrás de ellos, fuera de su ángulo de visión, y que son iluminadas por la luz de una hoguera situada todavía más atrás. Esas sombras, junto con el sonido del eco de la caverna, es todo lo que perciben. Para ellos, esa es la única Realidad.
 
Platón imagina a uno de los prisioneros soltando sus cadenas y alcanzando la salida, que le lleva a un mundo totalmente desconocido para él. Un mundo cuya luz le ciega y le duele, y cuyo desconocimiento absoluto le incomoda. Un nuevo mundo doloroso al principio, al cual le costará acomodarse y donde irá consiguiendo identificar paulatinamente la noche, las sombras, los reflejos, las luces, los brillos y los matices. Y descubrirá, finalmente, que aquello que creía la realidad no era sino resultado de aquella figura que se erige por encima de todo: el Sol.
 
Habiendo conocido y comprendido la Verdad, el hombre decide regresar a la cueva a informar a los otros prisioneros. Alentar de la mentira en la que viven, donde no conocen la brisa del mar, el sonido de la lluvia, el aroma del campo o la sensación de caminar. Donde solo existen los ecos y las sombras de un mundo desconocido que tienen ahí fuera, un poquito más allá de sus cadenas, que ni siquiera saben que pueda existir.
 
Intentará hacerles comprender la realidad, y el error y la mentira en la que viven encerrados.
 
Sin embargo, desacostumbrado su cuerpo y su mente a la vuelta a la oscuridad, los otros prisioneros percibirán en él la pérdida de facultades y convencidos de poseer la verdad, advertirán del error de haber pretendido salir de la caverna, que le ha estropeado los ojos, que ya no son capaces de reconocer como antes las sombras o los sonidos en eco y que, en definitiva, es lo más sensato y lo mejor quedarse dentro de la caverna.
 
El prisionero liberado, convencido de la verdad, intentará soltar las cadenas de sus compañeros para que ellos mismos puedan desengañarse experimentando la realidad del Mundo. Pero ellos, convencidos de que eso no hará sino empeorar su bienestar, intentarán evitar su liberación, llegando al extremo de acabar con la vida de su compañero.
 
Independientemente del sentido final metafísico que se le atribuye a este texto de Platón, donde en última instancia se identifica al Sol con la idea del Bien y la única manera de alcanzar la verdad es a través del mundo de la filosofía, lo que no deja de ser cierto es que, en un plano más directo, nuestras creencias, vivencias y pensamientos condicionan nuestra realidad:
 
1 – El miedo y la negación al sacrificio nos impide actuar de una manera correcta en multitud de ocasiones,
 
2 – La única manera de soltarnos de nuestras cadenas imaginarias, cualesquiera que sean, es abriendo las puertas a nuestra mente,
 
3 – Y en definitiva, no vemos las cosas como son, sino simplemente como las sentimos, creando nuestra propia realidad personal, subjetiva y creada por nosotros mismos.
 
 
En los últimos años, películas como “Matrix” (sobre todo la primera de la trilogía) o “El Show de Truman”, juegan con la parábola de la Caverna, y nos muestran cómo el ser humano puede llegar a creer y crear su propia realidad alternativa, a veces, muy alejada de la Verdad, y cómo es posible imponer creencias y pensamientos erróneos en la mente humana cuando se provocan deficiencias o alteraciones en su entorno, a través de cualquier mecanismo de manipulación mental y física.
 
Hoy en día, esas alteraciones se nos presentan en todo momento. Pueden ser esos viejos paradigmas mentales que se nos han inculcado desde pequeños, o pueden ser las opiniones personales de la gente que nos rodea. Pero el ejemplo más claro y más poderosamente peligroso lo tenemos en la televisión y en los medios, que es donde se nos proyectan y observamos las sombras de la realidad, como si se tratara de la pared de la caverna, y donde se juega, sin escrúpulos, a manipular nuestras creencias y pensamientos.
 


 
 
En el siguiente artículo hablamos sobre la fuerza negativa que pueden llegar a tener algunos antiguos paradigmas y falsas creencias limitantes en nuestros resultados en la vida: “Lo Imposible no Existe, es sólo una Barrera Mental”. Esperamos pueda ayudarte a desprenderte de ellos.