Principio de Pareto

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Los 6 grados de separación y el poder de las redes en nuestra vida
 
Muy estrechamente relacionado con la idea de que “el mundo es un pañuelo”, el hombre lleva décadas investigando el poder y la estructura de las redes que nos rodean en todos los aspectos de nuestra vida, tanto en nuestra vida exterior mediante los vínculos en nuestras relaciones personales, como las conexiones entre, por ejemplo, las células de nuestro cuerpo.
 
Son muy conocidos y han dado mucho que hablar, entre otros nombres importantes, los estudios realizados por Stanley Milgran y Ronald Graham en los años 60, o el trabajo de Brett C. Tjaden en los 90.
 
A grandes rasgos lo que la teoría de los 6 grados de separación (también conocida como el fenómeno del mundo pequeño) viene a expresar es que, sólo son necesarios unos pocos vínculos para poder hacer llegar una señal a cualquier punto remoto de una red, por muy grande que esta sea.
 
A modo de ejemplo, podríamos contactar con cualquier persona en el mundo (donde ya somos más de 7 mil millones de habitantes) a través de un puñado de personas donde, yo conozco a tal, que tiene un primo en nosedónde, que es vecino de la hermana de tal actriz, que estuvo trabajando en tal película con aquella estrella de cine de Hollywood, la cual estuvo en un acto benéfico con Barack Obama.
 
De ser así, yo estaría a sólo 5 vínculos del presidente de los Estados Unidos…
 
La ciencia ya está demostrando que la mayor parte de seres humanos formamos unas redes parecidas, con unos nexos de unión similares y donde gracias a unos pocos “puntos clave” que podríamos denominar puntos estratégicos, podemos llegar a prácticamente cualquier otra persona en el mundo casi sin problemas.
Las características de esos núcleos nos sirven para estudiar temas tan delicados como la propagación de virus informáticos o epidemias y enfermedades, la eficiencia de las redes eléctricas, ferroviarias o aéreas, o la trasmisión de los estímulos en nuestras células vitales. Teniendo especial cuidado en unos pocos puntos donde se concentran la mayor parte de las conexiones, podremos hacer que todo en esa red funcione de la manera más correcta posible.
 
Una vez más, el principio de Pareto y la proporción del 80-20 vuelve a estar presente en el caso que estamos tratando. Y este concepto en particular, en el ámbito laboral y el momento en el que nos encontramos, viene a establecer ciertas pautas y datos reveladores que podemos y debemos aplicar si pretendemos ser lo más eficientes posibles en nuestras tareas. Cada día son más las compañías y personas que se vuelcan en negocios estrechamente relacionados con el marketing de recomendación, donde la figura de una red adopta aún más una mayor importancia. Si deseas conocer un poco más sobre este tipo de negocios, puedes visitar la siguiente página informativa: QUÉ ES EL MARKETING DE RECOMENDACIÓN.
 
Y en este punto, los estudios no nos dejan indiferentes. Ya no importa lo grande que sea la red en torno a la cual construyamos nuestro negocio, sino la solidez y la salud en la que se encuentren esos centros estratégicos que se comportan como verdaderos núcleos y que nos proporcionan la manera de acceder a los puntos más remotos, y sin los cuales sería prácticamente imposible acceder a ellos.
 
Las redes nos rodean y gracias a ellas interactuamos, somos capaces de vivir, relacionarnos o movernos. Y ya sean redes físicas, químicas o emocionales, todas poseen estructuras parecidas. Y unos pocos núcleos de vital importancia que debemos cuidar, puesto que es gracias a ellos como se potencia todo lo que nos sucede en la vida.
 
El siguiente documental nos adentra en la raíz de todo el asunto, los estudios y trabajos que sobre ello se han realizado.
 
 


 
 

 
ley de parkinson Dilbert
 
Estrechamente ligada con la procrastinación o “la acción de postergar lo que uno debe hacer para dedicarse a otras actividades más triviales y apetecibles”, la Ley de Parkinson, formulada por Cyril Northcote Parkinson en 1957 es, junto con el Principio de Pareto (al que también dedicamos este otro artículo), una de las leyes fundamentales de la productividad.
 
Aplicada a prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida, esta ley establece que todo trabajo se expande hasta llenar el tiempo que se dispone para llevarlo a cabo.
 
Dicho en otras palabras, cuando sabemos que disponemos de tiempo suficiente para hacer las cosas, inconscientemente nuestro cerebro se relaja, encontramos distracciones o empezamos a dedicar más tiempo a otras cosas menos urgentes.
 
Por ende, el tiempo que dedicamos a cualquier asunto de nuestra vida tiende a ser inversamente proporcional a su importancia real.
 
Qué podemos hacer para evitar esta falta de productividad en nuestra vida?
 
 
1. En primer lugar debes considerar la idea de que no eres un superhéroe: hay que hacer las cosas de una en una. De lo contrario, intentando ser más productivo haciendo muchas cosas al mismo tiempo no harás ninguna de manera óptima.
 
2. Aprende a establecer prioridades. Saber decir NO resulta imprescindible. Habrá muchos temas que te van a robar mucho tiempo y no te conducen a ninguna parte. Céntrate en aquello verdaderamente importante.
 
3. Elabora tu mapa de ruta. haz listas de esas tareas importantes la víspera o a primera hora de la mañana. De esta manera tendrás presente en todo momento en qué aspectos y tareas concentrarte y no perderás el tiempo en aquellas cosas menos relevantes.
 
4. Divide las tareas en períodos de tiempo no superiores a 1 hora y prémiate por objetivos cada vez que tomes un descanso (tomándote una ducha relajante, preparando un delicioso postre, viendo un capítulo de tu serie favorita…). Pero sólo como premio a tus objetivos y al cumplimiento de esas tareas.
De esta manera conseguirás aprovechar más el tiempo que dediques a cada cosa y te resultará más gratificante.
 
5. Ponte fechas límite muy ajustadas. de manera inconsciente y natural, cuanto menos tiempo dispones, más se centra tu cerebro en lo verdaderamente importante, dejando de lado lo superfluo y menos relevante.
 
De esta manera, mejora la productividad, la concentración y lleva a disfrutar de todo aquella tarea llevada a cabo. Eso deriva, en último término, en un aumento de la autoestima y de la satisfacción personal, lo que alimenta nuevamente todo el proceso.
 
 
En lo que respecta a la Ley de Parkinson aplicada a la economía, esto también se refleja en el modo en que los gastos tienden a aumentar hasta cubrir los ingresos. Este es uno de los motivos por los cuales muchas personas, a pesar de encontrar mejores puestos de trabajo mejor remunerados, se encuentran una y otra vez con las mismas dificultades de dinero a final de mes.
 
El siguiente vídeo es un fragmento del programa de Redes titulado “Somos Predeciblemente Irracionales”, en el que Dan Ariely, catedrático de psicología y conductas económicas por el MIT, expone alguno de los fundamentos y consecuencias de la Ley de Parkinson y la procrastinación en nuestras vidas.