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la siesta

 

Grandes personajes de la Historia tan distintos como John F. Kennedy, Leonardo Da Vinci, Albert Einstein o Napoleón Bonaparte, compartieron en su día una sana afición por la Siesta, ese ratito de sueño corto del mediodía.

Muchas veces asociada con conductas perezosas y hábitos de malgastar nuestro tiempo tirados en la cama a deshoras, hay estudios que demuestran que dormir un ratito de siesta no solo no es una mala costumbre, sino que es una de las herramientas más poderosas para alcanzar el éxito.

No solo nos permite recargar energías y afrontar con fuerza el resto del día, sino que emocionalmente, por ejemplo, puede mejorar nuestro estado de ánimo y nuestra toma de decisiones, y ayuda a aumentar nuestra creatividad, nuestra memoria y nuestro aprendizaje.

Físicamente, además de equilibrar nuestros ciclos del sueño, mejora las funciones del cerebro, las hormonales, además de reducir considerablemente el riesgo de contraer enfermedades del corazón.

Un cuerpo y un espíritu relajados tras una cura de sueño durante 15 – 30 minutos de siesta es una de nuestras mejores armas para enfocar nuestros deseos y nuestras metas. Merece la pena probarlo.

El mejor momento para la Siesta es justo después del almuerzo.

Asegúrate de encontrar un lugar con buena temperatura y tranquilo de ruidos. Apaga el televisor, el teléfono móvil, e imagina  que el ruido que pueda haber en el exterior es el viento que sopla en un bosque, o el batir de las olas en el mar. O si lo consideras necesario, puedes poner un poco de música relajante de fondo.
Asegúrate de dejar todas tus preocupaciones de puertas para afuera. Antes de adentrarte en tu “Zona Privada”, respira profundamente e intenta relajarte.

Procura que no penetre la luz en tu espacio. Si lo deseas, puedes incorporar un antifaz a tu descanso. Está comprobado que muchas personas se sienten más relajadas cuando duermen a oscuras.

Activa el despertador para transcurridos 15 – 30 minutos. Es el tiempo ideal. Una siesta demasiado larga hará que te despiertes más cansado, de mal humor e incluso con dolor de cabeza.

Una vez despiertes, intenta permanecer unos minutos sentado y relajado. Si no estás acostumbrado, es probable que las primeras veces te despiertes desorientado. Esos minutos a la hora de incorporarte te ayudarán a estabilizar todo tu sistema de alertas.

Lavate la cara, bebe un poco de agua e intenta tomar el aire a cielo abierto  durante algunos minutos. Si no tienes muchas opciones, puedes asomarte a una ventana.

Y siéntete afortunado y un poco más feliz para el resto de la jornada. Pocas técnicas tan sencillas y tan poco sacrificadas pueden mejorar tu salud y tu bienestar físico, mental y emocional.

Finalmente, intenta incorporar estos minutos a tu rutina diaria. Todo tu cuerpo te lo agradecerá.