Valentina Tereshkova

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Valentina Tereshkova

 

Nacida en un pequeño pueblo en Yaroslavl, a 200km de Moscú, el 6 de marzo de 1937, y siendo fruto de una familia muy humilde, nadie podría nunca haber imaginado que la pequeña Valentina Tereshkova algún día se convertiría en la primera mujer de la Historia en viajar al espacio.

Cuando contaba con solo tres años de edad, quedó huérfana de padre víctima de la Segunda Guerra Mundial. Y su madre, con dos hijas y otro varón que venía de camino, se vio obligada a emigrar a la ciudad, con intención de encontrar trabajo en alguna de las fábricas de la zona. Unos años más tarde, acabada la guerra y con 8 años, por fin Valentina pisaría por primera vez una escuela.

Su juventud siempre estuvo muy ligada a ideas Comunistas, y formó parte del partido en Yaroslavl, al mismo tiempo que trabajaba en una fábrica textil y estudiaba ingeniería técnica industrial. Y probablemente fuera gracias a aquellas convicciones como descubriera su gran pasión: la de volar.

Según iba ascendiendo en la estructura del Partido, hasta ser nombrada Secretaria de las Juventudes Comunistas en su ciudad en 1961, Valentina encontró la oportunidad de dar rienda suelta a su sueño y recibir clases de saltos en un club de paracaidismo, donde pronto adquiriría una gran habilidad. Para entonces, los Soviéticos,  en plena carrera espacial contra los EEUU, querían ser también los primeros en enviar una mujer al espacio, como lo hicieran varios años antes con el primer hombre. Valentina pudo aprovechar su gran experiencia en saltos e ingresó en el Centro de Entrenamientos para Cosmonautas.

Además de una edad máxima de 30 años, una altura máxima de 1,70m, y una “ideología pura”, la experiencia en saltos en paracaídas era uno de los más importantes requisitos que se pedían, ya que entonces las naves funcionaban en modo automático y no aterrizaban, sino que había que tirarse una vez las naves comenzaba a regresar a tierra.

y de entre las más de cuatrocientas candidatas que se presentaron, solo 5 fueron seleccionadas para realizar los entrenamientos. Muy duros entrenamientos de resistencia, condiciones extremas y privación sensorial, de donde solo salió una Elegida…

El 16 de junio de 1963, y con 26 años de edad, Valentina Tereshkova se convertiría en la primera mujer en viajar al espacio, a bordo de la nave Vostok 6. Su familia, convencida de que se encontraba realizando unos entrenamientos de saltos, se enteró por la radio, cuando la Gaviota, su nombre en clave durante la misión, emitió su primer mensaje desde el espacio: “Aquí Gaviota. Veo el horizonte. Una banda azul claro. Ahí está la Tierra. Qué hermosa es!! Todo marcha espléndidamente”.

Pero no todo fue tan espléndidamente. Gravísimos problemas en el cálculo inicial de la trayectoria, hicieron peligrar la operación y las opciones de Valentina de regresar con vida, además de la escasez de comida que le obligó a pasar demasiada hambre. Y por si fuera poco, a su regreso, para solventar los problemas de la trayectoria, tuvo que saltar desde 6000 metros de altura, exhausta y hambrienta, yendo a caer a un lago, de bruces, debido a un desgraciado golpe de viento.

A pesar de todos aquellos contratiempos, fue una gran aventura aquella, y un verdadero Hito en la Historia. Los Soviéticos no volverían a mandar a su segunda mujer al espacio, Svetlana Savítskaya, hasta 19 años después. Pero peor aún les fue a los americanos, que tardarían todavía un año más. Fue Sally Ride, en 1983, la primera mujer americana en orbitar el espacio.

Después de aquella proeza histórica, Valentina se graduó como Ingeniera Espacial en 1969, donde también se doctoró, y fue nombrada Coronel Ingeniero del Ejército del Aire de la Unión Soviética. Además, fue una incansable defensora de los Derechos de la Mujer, de los Derechos Humanos, de la Paz Mundial, y ello le reportó el reconocimiento de todos, con innumerables medallas y condecoraciones: Medalla de oro de la paz de las naciones unidas, varios doctorados “honoris causa”, premio internacional de Londres “mujer del siglo XX”… Existe incluso un cráter en la Luna que lleva su nombre.

Hoy en dia, retirada en una pequeña casa de campo, lleva una vida mucho más tranquila. Pero todavía recuerda aquella verdadera Pasión:

“Si tuviera dinero, viajaría otra vez al Espacio, aunque fuera como turista. 
Y tambien volaría a Marte, incluso con billete solo de ida”